La rosa que murió

roleos

#1

-Acaso es cierto lo que dice el Maestre Walys? - Rickard Stark entraba así en el cuarto de Lyanna Stark como un torbellino, rojo de rabia y portando una copa con un líquido acuoso en la mano - Quién te forzó Lyanna? -

La joven permanecía en su cama, hecha un ovillo agarrando sus manos por delante de sus rodillas, pocas veces su padre había mostrado esa cara con ella y estaba asustada. Desde que el Maestre la había dicho que albergaba una vida en su interior temía ese momento llegase, pues esperaba un irreal momento en el que su padre mostrase un a cara distinta a la que aquel hombre que tenía enfrente ahora mismo portaba.

Sólo se limitó a negar con la cabeza.

-No ves la gravedad de este acto verdad? Piensas que esto es sólo un juego? La alianza con los Baratheon peligrará si este hecho se sabe y muchos norteños pagarán las consecuencias en una guerra venidera si no contamos con un aliado como ellos… Es Robert el Padre? -

Lyanna simplemente negó de nuevo con la cabeza.

-Maldita sea Lyana, no te crié, quién te forzó Lyanna? no volveré a repetirlo. -

El único gesto por parte de la joven fue el de esconder su cabeza entre sus piernas, mostrando su negativa a contestar a cualquiera de las preguntas de Lord Stark.

-Toma esto, aún estamos a tiempo de solventar esto sin agravar más la situación - y extendió la copa que previamente había mandado preparar al Maestre

-Qué es eso padre? - la voz inocente de Lyanna parecía un susurro, sus ojos estaban hinchados pues por lo que parecía había estado llorando mucho tiempo antes de que su padre entrase a su cuarto.

-Té de la Luna, tómalo y todo esto habrá sido sólo una pesadilla. - Posó su mano sobre la cabeza de su hija, su tono se había rebajado y volvía a parecer el Rickard Stark que Lyanna conocía.

-NOOO - chilló, buyendo en ella la sangre del lobo - no dejaré que nadie haga daño a mi pequeño - y de un manotazo tiró la copa que aún estaba en la mano de su padre provocando la inmediata reacción de una bofetada en su rostro que retumbó en la habitación.

-Has condenado a morir a muchos buenos norteños con tus actos, has deshonrado a Lord Robert! - La rabia pasó en parte a la desesperación, qué iba a hacer con su hija? era el reflejo de su madre… - Te quedarás en Invernalia hasta que vuelva y decida qué hacer. Y por su bien - señaló su vientre - dirás quién es el padre antes de dar a luz pues debe pagar el precio de mancillar a una doncella y romper un pacto entre señores. -

Y el portazo a su salida, junto a sus pasos resonando cada vez más débiles a lo lejos fue lo último que supo de su padre, que partiría al sur al día siguiente. Pero mientras lloraba, tendida boca abajo en su cama para ahogar sus llantos, supo que la separarían de su hijo si seguía allí y eso era algo que no podía aceptar sin más.


Dos semanas, ese era el tiempo que llevaba pensando qué hacer, la manera de poder dar un futuro a su hijo en el que no terminara convertido en un bastardo alejado de su madre, ya había visto eso en Invernalia, y allí donde sus pies la habían podido llevar, y de ninguna manera esa era la vida que una madre querría para su hijo, y su padre…él debía saber lo que ocurría, que esperaba otro hijo. Si lo convencía para que lo reconociese no tendría la vida de un bastardo corriente, no tendría que sufrir humillaciones ni vejaciones, tendría la oportunidad de ser alguien. (Aunque lo que nunca pensaría la mente de aquella inocente niña es que también podría ser su sentencia de muerte).

Sea como fuere había estado almacenando víveres y había conseguido algo de oro, lo suficiente para poder pasar por polizón en algún mercante. Pero era Lyanna Stark, hija de Lord Rickard Stark, señor de Invernalia y Guardián del Norte… era muy reconocida en el Norte y nadie correría el riesgo de llevar a la hija del señor del Norte como polizón y en la frontera el Cuello estaba tomado por los ejércitos que su padre comandaba al sur. Daba igual cómo pero no permanecería un día más tras los muros de Invernalia.

Aún bañaba la luz de la Luna la tierra cuando se levantó de la cama, sabía que pronto las luces del alba regaría los campos y tenía que ponerse en marcha, anduvo hasta el gran salón, donde tras un pilar estaba una de las varias salidas secretas que albergaba Invernalia, una salida que daba directamente a la parte posterior del muro y que el Maestre la había enseñado junto a Benjen para momentos de necesidad. Lyanna portaba botas y pantalón de montar, pues aunque su caballo permanecía en los establos aún conservaba la esperanza de encontrar una montura vieja y cansada que poder comprar en Cerwyn, y varias capas de pieles escondidas bajo una capa con capucha que impedía que se viera con facilidad su rostro, a un lado un zurrón con algo de cecina, queso, pan y una bota de agua, lo suficiente para 4 o 5 días de marcha racionando bien la comida. Y cuando ya iba a alcanzar el portón de madera que daba al exterior una voz cansada salió a la altura de sus pasos.

-Oh, mi joven Lyanna! He esperado días a que dieseis este paso… sin duda portais la “sangre del lobo” - El anciano Maestre con pasos lentos y cortos, había salido de una de las sombras de aquel lúgubre pasillo.

-Maestre, yo… -

-No digáis más mi señora - La interrumpió - Lo que estáis a punto de hacer es la mayor de las temeridades… traicion para muchos… - resopló - y a la vez el mayor gesto de amor que una madre podría hacer, más me temo que no hay marcha atrás una vez crucéis. -

-Es lo que debo hacer Maestre Walys - dijo pasando su mano por un vientre que ya la empezaba a señalar como futura madre - Es mi hijo, no puedo dejar que crezca sin su madre… y sin su padre… - volvió a avergonzarse al recordar a los norteños que había condenado con aquel acto.

-No digáis más mi señora, os lo suplico, vuestros silencios ya han dicho más de lo que necesitaba saber - “Y si me lo confirmais no podré vivir con lo que estoy apunto de hacer” - Vuestro caballo os espera con provisiones para dos días de viaje, cabalgaréis como sólo vos sabéis hasta Puerto Blanco, evitad cruzaros con miradas indiscretas por el camino, y no descubráis vuestro rostro pues con la partida de vuestro señor padre tanto amigos como enemigos pueden rondar el Norte, a partir de este momento vuestra vida correrá peligro continuamente, no confiéis en nadie… y llevad esto siempre con vos. -

La mano del anciano se metió en su túnica y ambos juntaron sus palmas para dejar pasar de la mano arrugada y llena de manchas de la edad del anciano maestre a las tersas y níveas manos de la joven Lyanna un colgante con forma de copo de nieve.

-Fue de vuestra madre, y ahora es vuestro, portadlo y el Norte siempre estará con vos. -

Las lágrimas comenzaron a correr descontroladas por el rostro de Lyanna, sus piernas comenzaron a temblar y el miedo pasó a emoción, se abalanzó sobre el Maestre para abrazarlo, con tanto ímpetu que por poco lo hizo caer de bruces al suelo.

-Siempre os llevaré en mi corazón Maestre. A vos y a todo el Norte - dijo mientras se secaba las lágrimas con la capa - Recordadselo a mi padre tantas veces como sea necesario, y a mis queridos hermanos… os extrañaré por siempre - Ahora no quería salir, no quería dejar allí a aquel hombre que la entendía, la comprendía, la respetaba, la protegía… pero sus pies comenzaron a caminar por si solos saliendo a la intemperie y corriendo hacia la zona arbolada donde esperaba Loba y lanzó una última mirada allí donde Walys aún aguardaba de pie antes de marchar al galope.

“Adiós mi joven señora, nos volveremos a ver en este mundo o en el venidero. Ójala yo hubiera tenido una madre como vos, Lyanna Stark.”… Y la oscuridad volvió al pasillo haciendo desaparecer la figura del anciano.


#2

Loba hizo mucho más sencillo el camino, sinceramente en ese momento no veía cómo hubiese podido llegar hasta allí sin ella. Los tobillos se le habían hinchado y las náuseas la acompañaban en su camino a cada momento, no había sido una ruta cómoda y siempre permanecía esquiva pues en más de una ocasión había escuchado su nombre, ahora todos en el Norte buscaban a la joven que había desaparecido en extrañas circunstancias… además siendo hija de quien era y más por el hecho de ser mujer jamás había estado sola, como lo estaba en ese momento con el único acompañamiento de su yegua.

Por suerte el invierno aún no había llegado y los caminos permanecían limpios y despejados, no era menos cierto que alguna mala sombra en más de una ocasión se quedaba fija con la mirada en ella, y evitaba encontronazos haciendo lo propio con el Camino Real siendo discreta, con una buena respuesta de Loba que aún por caminos poco adecuados había mantenido en la montura a Lyanna como si cuidar de ella fuese su cometido. Además a menudo recordaba al Maestre, a sus consejos y lo que había hecho por ella sus ojos volvían a llenarse de lágrimas.

Pero si el camino había sido duro no iba a serlo menos el acceso a Puerto Blanco, ya en las inmediaciones se sucedían las patrullas de soldados y las entradas a la ciudad permanecían constantemente custodiadas, la voz de alarma por su desaparición ya había llegado hasta allí y seguramente aguardarían su llegada. Pero tenía que entrar como fuese, el Maestre la había indicado que lo hiciera y que marchase al puerto interior , donde podría coger un barco que la llevase a su destino. Se arrimó a un carro cubierto por una lona, desconocía su contenido pero pensó que al menos así llamaría menos la atención.

Supo que no surtió efecto cuando al pasar por delante de la guardia uno de los soldados instó a que se acercara.

-Señora debe descubrirse para poder pasar. - El soldado, un hombre que ya parecía bastante curtido por el paso de los años escupió al suelo esperando la reacción de la chica.

-Claro, señor. - El tono de Lyanna sonaba a nerviosismo, si ese hombre la reconocía se acabaría su periplo y acabaría recluida de nuevo en Invernalia y ya sin opción de poder ver a su hijo crecer.

Un joven agradable a la vista y con mucho desparpajo apareció a la carrera cuando Lyanna ya tenía las manos en los bordes de la capucha de su capa, parecía otro soldado de los Manderly por sus ropas y por el arma que portaba - Detente! - ordenó a la joven que se quedó petrificada - Qué haces Will? ésta es de las mías. - dijo con una sonrisa y guiñando un ojo cómplice a su compañero y lanzándole una moneda - Toma un trago de mi parte amigo, creo que yo no tendré tiempo esta noche de aparecer por allí… ya me entiendes. - Se encogió de hombros con una sonrisa segura y marchó hacia la ciudad cogiendo las riendas de Loba, haciendo de guía marchando a pie.

-Soy Grimald Nieve, aunque todos me llaman Grim ‘el cuentacuentos’ - dijo el chico que tenía buen porte, ahora que estaba situado a su lado podía darse cuenta de ello - Vos debéis ser Lyanna Stark… Ir en estos tiempos con la cara cubierta y una montura digna del mismo Señor del Norte os delata mi señora. - dijo anticipándose a una ruborizada Lyanna - Will no es estúpido, os lo aseguro, así que démonos prisa… no tenemos mucho tiempo. -

La Joven Loba se limitó a agradecer el acto y vió como la guiaba por calle y callejuelas, dejando Nueva Fortaleza, lugar de residencia de los Manderly a un lado y bajando hacia el puerto allí donde se encontraban los inicios de la ciudad entregada por sus antepasados. Algunas callejuelas eran tan angostas que apenas cabía su yegua y tras doblar una esquina un profundo olor a mar inundó su nariz y pudo ver como el mar se extendía ante sí.

Anduvieron pasando a un lado de la Guarida del Lobo, antigua fortificación y ahora cárcel de Puerto Blanco hasta el Puerto Interior donde anclaban muchos barcos, había flotas de guerra y barcos mercantes, hasta que llegaron a uno que estaba cargando a través de una pasarela - Este es vuestro barco, mi señora. - dijo mientras la ayudaba a desmontar - Vaya! Espero que sea enhorabuena… - dijo el joven que dejó de lado la conversación al ver en el rostro de Lyanna que aquello le estaba trayendo más penas que alegrías y prosiguió con la misión que le habían encomendado - El capitán es Bron ‘Capanegra’ ya tiene todo lo que necesita, salvo un destino. No os preocupéis, todo saldrá bien. - Y una sonrisa sincera se dibujó en su rostro… si ella supiera todo lo que él había pasado hasta ese momento sabría que eran palabras sinceras. Y en ese momento deseó poder consolarla de algún otro modo, de haberla podido contar porque lo llamaban ‘Cuentacuentos’ o cuál era la historia de su vida.

-Gracias Grim, sin vuestr ayuda no lo habría logrado. - Y fue entonces cuando se dió cuenta de que su yegua no podría montar. - Qué será de Loba? -

-Yo mismo en persona me encargaré de llevarla hasta Invernalia si vos lo deseáis. -

Y lágrimas volvieron a llenar sus ojos, que sentía una hipersensibilidad especial desde que había comenzado su viaje.

-Jamás olvidaré vuestro nombre Grim, que los Dioses os bendigan. - Y comenzó a caminar, aún con las piernas entumecidas allí donde el Capitán Capanegra aguardaba.


Lyanna permanecía sentada, se sentía exhausta, apenas había podido dormir desde que partió de Puerto Blanco y la comida no permanecía demasiado tiempo en su estómago, de hecho hacía apenas un instante había vomitado una especie de gachas que Bron le había llevado a su camarote. Éste se situaba cercano al del propio capitán, pero eran, y se notaba a la legua, improvisado pues apenas se componía de un montón de paja que la aislaba del húmedo suelo y una palangana con agua para poder asearse, además de un taburete y un cubo metálico al que prácticamente vivía abrazada. También le había proporcionado una muda, de hombre, que le estaba enorme pero que al menos le permitía que sus ropa se secaran en la travesía tras haberlas limpiado de mala manera de la suciedad del camino tras su partida de Invernalia.

El Capitán Bron se portaba del modo más paternal que un perro de mar podía ser, hablaba mucho con Lyanna, contándole historias sobre Essos, la tierra que lo había visto nacer, y lo diferente que era todo en Poniente, viejos cuentos sobre Valyria y los Targaryen, la historia sobre las Siete Ciudades Libres y ella le correspondía con historias del Norte que su tata y el Maestre la habían contado, la historia del linaje Stark y de tiempos de los Reyes en el Norte… al menos mientras hablaba despejaba su mente y cesaban las náuseas.

Aunque Lyanna ya había comunicado cuál era su destino el carguero tenía varios puertos en los que atracar y no podía llevarla antes al menos de una parada a la que ya llegaba tarde con su cargamento, y el pago que había recibido por aquella muchacha no solventaba los gastos que podía llegar a perder.

-Rapaz, a mediodía llegaremos a Braavos y vereis como las historias se vuelven realidad. - El Capitán ya le había hablado sobre aquella ciudad pero lo que Lyanna tuvo ante sus ojo la dejó sin habla, un Titán colosal anunciaba la entrada del barco a la enorme ciudad, compuesta por mil islas, con un sonoro rugido que era muy frecuente por la gran cantidad de barcos que entraban y salían de Braavos. Aquella ciudad dejaba en ridículo a Puerto Blanco y la ansias de visitar cada rincón ardieron en el interior de Lyanna aunque lo cierto es que no llegaría más allá del Puerto del Trapero, lugar donde debían descargar la mercancía que portaban.

Otro rugido anunció la caída del Sol e hicieron noche en el propio barco, y antes de que pudiese amanecer ya habían emprendido el viaje de nuevo. Desde la partida el capitán ya no bajó tanto a visitar a la joven y parecía mucho más preocupado de lo que estaba antes, algo que hacía que Lyanna permaneciera intranquia. Aunque al menos lo que si la había confirmado es que el siguiente destino era donde debía apearse y que después partiría hacia el sur, las noticias de la enfermedad que se extendía desde Lys corría ya hasta en el Norte y supuso que quizá aquello era lo que lo perturbaba o también podía ser lo dos nuevos tripulantes que se habían enrolado a cambio de comida y unas monedas.

Unos días más tarde, el capitán entró algo melancólico - No se alargará demasiado vuestro viaje, rapaz. -

-Estáis bien Capitán. -

-Malas noticias circulan de mi ciudad de origen mi rapaz, y por más agua salada que pueda tragar temo como cualquier hombre por el bien de mis hijos. Sólo venía a decir que mi trato llega hasta ese puerto y que aunque no creo que volvamos a vernos os deseo un buen futuro. - Sin decir más abandonó la estancia y Lyanna no lo volvió a ver.

Seguramente jamás volvería a verlo, subió a la proa del barco, casi a tientas por el bamboleo de las mareas y pronto pudo escuchar - Tierra a la vista!!! - su destino se extendía ante ella, allí donde la guerra no había llegado, allí esperaba estar protegiendo el futuro de su hijo.