Misión XLV: No hay dos sin tres

PoV

Daemon Targaryen

La vida de Daemon Targaryen ha estado muy lejos de satisfacer sus propias expectativas.

Osado, ambicioso y peligroso, vagabundeó por el Consejo Privado como Consejero de la Moneda y Consejero de los Edictos hasta encontrar su lugar como Comandante de la Guardia de la Ciudad. Allí armó y pertrechó a los soldados, dotándoles de capas doradas y valiéndose de una brutalidad desmedida para mantener la seguridad de la capital.

Daemon es un hombre complejo, carente de cualquier atisbo de escrúpulos y dispuesto a hacer lo necesario para alcanzar sus objetivos. Por ello, no son pocos los que piensan en Maegor “el Cruel” al pensar en el Príncipe Canalla. Sin embargo, Daemon Targaryen es mucho más que eso.

¿Por qué la querencia de obtener la Corona? Es una muy buena pregunta y para la que no hay una respuesta sencilla.

Igualmente, esa aspiración poco a poco se ha ido alejando de él (exilio mediante) como acercando (matrimonios) hasta el lugar que nos ocupa, a un paso de convertirse en rey consorte. ¿Suficiente para él? Quizás, pues cree posible cogobernar junto a Rhaenyra, quien siempre necesitará una espada firme a su lado… aunque los pasados anhelos puede que no hayan llegado a desaparecer.

Daemon Targaryen, el Rey Consorte, se dirige en persona a Grajal para hacer frente a Aemond.

Tokens

Daemon Targaryen, el Príncipe Canalla y señor de Lecho de Pulgas

Daemon Targaryen no es el príncipe al uso. Desde su juventud, el rostro de Daemon era conocido entre ladrones, jugadores y prostitutas.

Carente de cualquier tipo de escrúpulos, nunca ha tenido reparos en deshacerse de aquellos que se interponen en su camino, lo que le ha granjeado una oscura reputación y un aura que recuerda a Maegor “el Cruel”.

Es un token tipo personaje, será Daemon quien en persona desafíe a Vhagar.

Daemon Targaryen y el arte de la guerra

Los intereses del príncipe Canalla nunca han estado ligados al gobierno. Desde joven destacó en el ámbito marcial, razón por la que su abuelo Jaehaerys I le hizo entrega de la espada Hermana Oscura, la cual siempre le acompaña (incluso cuando el protocolo exige lo contrario). Más allá de torneos o su posición como Comandante de la Guardia de la Ciudad, donde Daemon se labró su renombre en la guerra fue en la campaña en los Peldaños de Piedra (que duró tres años) donde junto a Corlys Velaryon se hizo con el control de las aguas costeras e islotes que separan Poniente del Reino de las Tres Hijas.

Unido a ello de forma indistinguible se encuentra la experiencia a lomos de su dragón Caraxes, siendo el único jinete de dragón vivo que ha conducido a su dragón a un conflicto bélico real.

Es un token tipo equipo. Los conocimientos militares de Daemon, su experiencia y su renombre son útiles tanto para hacer frente a la mayor bestia de Poniente.

Daemon Targaryen, el Rey de los Peldaños de Piedra

La campaña en los Peldaños de Piedra granjeó amistades y enemistades al príncipe Targaryen. Si bien el Reino de las Tres Hijas y Dorne lo consideraron un enemigo declarado, Daemon se ganó el aprecio de los Velaryon y de otras ciudades libres, como Pentos, donde viviría su segundo exilio.

Sin embargo, además de renombre, experiencia bélica y amistades en Essos (y nuevos odios en una figura que levanta pasiones), el Targaryen también ganó una pequeña fortuna que le permite mantener vivas sus propias aspiraciones.

Es un token tipo equipo. Lo utilizo para destacar el hecho de que Daemon y Caraxes lucharon junto a Bruma en la toma de los Peldaños de Piedra, lo que significa que están habituados a luchar juntos.

Caraxes, el Anfíptero de Sangre

Caraxes fue el dragón del príncipe Aemon Targaryen primero y de Daemon Targaryen después. Es una bestia enorme (de la mitad del tamaño de Vhagar), roja y delgada y se trata de un dragón terrorífico, entrenado para la batalla de más de 75 años de edad.

Caraxes y Daemon hacen una dupla mortífera al ser la pareja viva más experimentada a la hora de volar en situaciones de peligro y la única con experiencia real de combate sobre un dragón.

Ejércitos

  • Caraxes (Alzado) , en Rocadragón [Numeroso +1, Dragón, Veterano +4] FUE: 84.0

Objetivo

Alcanzar Grajal para hacer frente a Aemond.

Misión

Nos dirigimos a Grajal para hacer frente a Aemond confiando en que Rhaenys siga viva y que Bruma haya llegado a tiempo para servir de cobertura.

En el caso ideal de que sea un 3 vs 1 para cuando llegue Daemon, este asume el papel principal para dar oportunidades a Meleys o Bruma de desgarrar las alas de la bestia gigantesca.

No pongo mucha cosa más porque creo que estás ya resolviendo (?)

Localización

Esta misión tiene lugar en Grajal.

Desde Rocadragón hasta Grajal
Un pequeño grupo necesita muy poco tiempo para ir desde Rocadragón hasta Grajal

  • 3 hexágonos de llanuras, a marcha muy rápida en 6 horas

Roleo

Daemon observaba en la distancia cómo Daenys ganaba confianza con Vermithor, llevándole comida diariamente. El dragón no le tenía confianza, pero tampoco la evitaba. Simplemente toleraba su presencia. Y aquello ya era un avance significativo. Sobre todo después de lo que había sucedido el día anterior con Maris Baratheon.

Aquello no había cambiado sus planes. Con Caníbal lejos, debían aprovechar la oportunidad. Y la muchacha Baratheon era un problema que, con suerte, se resolvería solo.

Sin embargo, cuando se disponía a marchar, la presencia de Bailarina Lunar en el aire llamó su atención. Aguardó a que su hija, Baela, la más parecida a él mismo, aterrizara. Y el rostro de la muchacha no dejó lugar a la imaginación. Algo sucedía. — Vhagar está en Grajal — atinó a decir la muchacha antes de que el rictus de Daemon cambiase. Una taimada sonrisa curvó sus labios. — Rhaenys le hará frente — añadió su hija, en referencia a su abuela. Pero Daemon ya no escuchaba.

— Llévate a Daenys a la fortaleza — demandó, pues la dragona ya había crecido lo suficiente como para cargar con dos mujeres livianas. No dijo nada más. Se limitó a saltar sobre la grupa de Caraxes y asegurar las cinchas sobre sus piernas. Se permitió palmear el cuello de su compañero con una mezcla de ternura y entendimiento, antes de ordenar que alzase el vuelo. Sin duda, cuando todo aquello acabase, el Anfíptero de Sangre se merecería un largo descanso.

Rhaenys observó a la inmensidad que era la negra figura de Vhagar contra el cielo mientras trataba que la Reina Roja tomara impulso para levantar el vuelo. La ágil dragona comenzó la carrera, desde el patio de armas a la muralla y de ahí a la torre del homenaja tratando de ganar altura pero se encontró de frente con la oscura llamarada de Vhagar. Pese al evidente peligro Rhaenys espoleó a su montura sabiendo que su vida dependía de tomar los cielos y Meleys atravesó la columna de fuego justo a tiempo pues Vhagar descendió como un plomo contra la torre del homenaje que se derrumbó con el impacto.

Ya en los cielos la reina que nunca fue trataba de orientarse, pero sus ropas aún incandescían y y la ceniza de su piel quemada le impedían distinguir norte de sur y solo la pesadez de su rival le daban algo de aire. Guiada tan solo por instinto el duo tomó rumbo hacia el mar, sabiendo que su única oportunidad era ir hacia Rocadragón y rezar porque sus aliados la socorrieran. Una y otra vez seguía evitando las llamaradads de Vhagar que aunque más lenta no estaba herida y era guiada con maestría por el príncipe Aemond.

Quizás si la lluvia hubiera amainado Rhaenys habría tenido mejores opciones, pero cansada, herida y desorientada solo tenía que cometer un error y tras varios minutos dando vueltas y revueltas lo cometió, para evitar el fuego de Vhagar viró demasiado al sur, permitiendo que la dragona negra se posicionara entre ella y Rocadragón. Sin una ruta clara amazona y dragona se lo jugaron todo a una carta tratando de dejar atrás a su rival por pura velocidad, y perdieron.

Las garras de Vhagar se clavaron en el costado de la Reina Roja y sus colmillos se cerraron contra una de sus piernas. Meleys empezó a caer en espiral y para evitar verse arrastrado Aemond obligó a Vhagar a soltar a su presa. El ojo del príncipe brilló con felicidad mientras su tía golpeaba las agitadas aguas del Gaznate. Aemond se preguntaba si merecería la pena descender a acabar con lo empezado cuando desde el este una llamarada azul anunció la llegada de más rivales.

Bruma avanzaba pesadamente bajo la lluvia azuzada por el bastardo de Marcaderiva y, tras él, el fuego rojo de Caraxes llenaba el horizonte.

Para cuando llegas Bruma está en el agua, manteniendo a Meleys y Rhaenys por encima de la superficie, evitando que se ahoguen.
Vhagar os sacaba demasiado, ha huído, rumbo al suroeste, a Desembarco presumiblemente. No lo vas a alcanzar antes de tiempo.
Asumo vuelves a Rocadragón a seguir con las misiones, pero dime si haces otra cosa.

Vuelta a Rocadragón, sí :saluting_face: