PoV
Valys Belaerys
Será la encargada de llevar a cabo la propaganda más infame posible que se haya hecho jamas a los Hombres del Hierro y a Korl Greyjoy.
Tokens
Estancias de Oppon
Rumores y rumores. Las Estancias de Oppon llegan a todos los lares.
Embajada de Desembarco del Rey
Belaerys es quien tiene los contactos para hacer llegar las noticias a todos los lares del mundo.
Objetivo
Reducir la autoridad de los Greyjoy y llamar a aquellos que fuesen sus enemigos en Essos.
Misión
De primeras, se va a hacer saber la traición de los Greyjoy. Simplemente lo que ya hicieron, pero no de manera directa, si no con noticias, rumores, etcétera. No es que tuviesen una buena reputación nunca, pero de esta manera que se sepa que han atacado por la espalda a lo que se consideraba un aliado.
De segundas, Korl estuvo en Essos y se hizo a muchos enemigos, así que debe de haber gente que crea que debe cobrarse una deuda para con él. Mi idea futura es conseguir un token de un almirante experto que pueda verse las caras con él. De momento no es que quiera conseguir el token, pero si saber quien puede estar queriendo venganza, para reunirlo en nuestra flota.
Roleo
La campaña no comenzó con un edicto ni con una acusación formal. Eso habría sido torpe. Comenzó, como todas las cosas verdaderamente eficaces, con rumores bien colocados.
En Desembarco del Rey, los mentideros despertaron una mañana con historias nuevas: capitanes que hablaban de pactos rotos, mercaderes que juraban haber perdido cargamentos enteros por culpa de “la inestabilidad de las Islas”, marineros borrachos que repetían, palabra por palabra, versiones ligeramente distintas de una misma traición. Nada señalaba directamente a Korl Greyjoy. Precisamente por eso, todos acababan pensando en él.
Desde la Embajada de los Estados Unidos de Essos, Valys Belaerys no dio una sola orden por escrito. No hizo falta. Sus agentes humanos —contables, escribas, corredores de favores— activaron canales que llevaban años dormidos. Los contactos de la Estancia de Oponn se movieron con la precisión de una maquinaria antigua: prestamistas que endurecían condiciones a armadores de las Islas, aseguradoras que “revisaban” pólizas marítimas, intermediarios que dejaban caer una frase clave en el momento exacto.
—No es personal —decían—. Es riesgo reputacional.
En Antigua, los maestres empezaron a discutir abiertamente la fiabilidad de los Greyjoy como aliados navales. En Lannisport, los corredores de seguros elevaron primas solo a barcos con pabellón isleño. En Puerto Gaviota, un panfleto anónimo circuló entre estibadores y capitanes: “Quien traiciona una vez, traiciona siempre”.
Ninguno de esos mensajes mencionaba a los Estados Unidos de Essos. Todos parecían surgir de fuentes locales, preocupaciones legítimas, conclusiones inevitables.
En Essos, la operación adoptó un tono distinto, más afilado. En Volantis, viejos archivos mercantiles fueron “redescubiertos”: registros de deudas impagadas, acuerdos rotos, cargamentos desviados durante las expediciones de Korl Greyjoy por el Mar Angosto. En Myr, ingenieros navales recordaron en voz alta cómo ciertos contratos prometidos por los Greyjoy jamás se cumplieron. En Tyrosh, un gremio de capitanes prohibió informalmente atracar a naves vinculadas al nombre Greyjoy “hasta nuevo aviso”.
Y entonces llegó el segundo movimiento, más sutil aún.
A través de intermediarios sin rostro —un banquero menor, un notario volantisí, un sacerdote rojo que viajaba demasiado— se hizo correr un mensaje único, siempre transmitido en voz baja:
“Si existe alguien perjudicado por Korl Greyjoy en Essos, alguien con cuentas pendientes…Valyria está dispuesto a escuchar.”
No era una invitación oficial. Era una puerta entreabierta.
Mientras tanto, en los salones discretos donde se cruzaban intereses mayores, la imagen de Korl Greyjoy empezaba a deformarse. Ya no era solo un traidor militar. Era un socio tóxico, un riesgo financiero, un nombre que nadie quería pronunciar en una mesa de negociación.
Desde fuera, parecía un fenómeno espontáneo: la marea volviéndose contra un hombre.
Desde dentro, era una sinfonía perfectamente dirigida, ejecutada por recursos satélite, manos prestadas y voces ajenas. Los Estados Unidos de Essos no habían dicho una palabra. Y, sin embargo, todo el mundo empezaba a escuchar el mismo mensaje:
Korl Greyjoy estaba solo.