Todo empezó un martes apestoso en el sótano de las dependencias de los Peta-Zetas de El Viso. Era imposible que fuera en otra parte de la sede puesto que solo había sótanos.
Kraznag “Cuentasclaras” estaba cuadrando sus libros. Los oficiales, claro. Los otros tres libros estaban bien escondidos bajo una baldosa suelta. Una de tantas si tenemos que ser específicos y no serlos a la vez. La temporada en la Bugman’s Bowl de Aplastamiento y Agallas había sido un éxito rotundo: el equipo no habían ganado ni un solo partido, pero las ganancias de la casa de apuestas, Vwin, y de su modesta empresa de “Seguros de Riesgo Deportivo”, Seguros Ketemueres, ambas propiedad de Kraznag, estaban por las nubes.
Es lo que tiene no jugar para ganar, sino para facturar. Como diría Kraznag: Si se le paga a tres mercenarios para que le partan el fémur al Línea rival en el primer turno, no se está amañando nada, señor comisario, simplemente estoy “minimizando los riesgos de las pólizas de la competencia”. Todo escrupulosamente legal. Bueno, ignora lo de escrupulosamente. También lo de legal.
El problema llegó en forma de pergamino certificado por la NAF. El goblin lo abrió frotándose las manos, esperando la confirmación de que el último “accidente” en el campo había reportado otra suculenta indemnización. Pero no. El pergamino decía:
RESOLUCIÓN OFICIAL: Ascenso inmediato de Los Peta-Zetaz del Vizo a la McMurty’s Brutal Bowl de Sangre y Aplastamiento.
Kraznag casi se atraganta con su propia saliva. ¡Un ascenso! ¡A la segunda categoría! ¡Una aberración! En la McMurty’s los equipos tienen armaduras de verdad, los árbitros cobran sobornos mucho más caros y, lo peor de todo, a lo mejor hasta les exigían tocar el balón. La cabeza pequeña y verde negó en rotundo. Había costado muchísimo esfuerzo e innumerables chanchullos llegar hasta aquí como para que lo arruinaran los méritos deportivos (que, por cierto, no tenían, porque la estadística de pases completos era de -3).
Furioso, arrastró al presidente del club al palco de quejas de la NAF. Lord Karl von Viso iba muy callado, como siempre desde que falleció hace dos temporadas. Lo sentó en la silla de reclamaciones, se escondió detrás del cortinaje y empezó a tirar de las cuerdas que le había cosido a los codos para darle algo de vida.
—Mi señor Von Viso dice que esto es un ultraje —tradujo, mientras tiraba de un cordel que hizo que el cadáver pareciera bailar el Thriller, un baile de moda entre los hinchas de los Titiriteros Sangrientos.
El oficinista, un enano con manguitos y gafas de culo de vaso, revisó el expediente sin inmutarse ante el tufo a embalsamamiento barato.
—Nuestro récord de pases completos es negativo! ¡No hemos marcado un Touchdown desde que nevó estiércol en Altdorf! ¿A qué viene este ascenso?
—No han ascendido por méritos deportivos, señor …¿cómo debo llamarle?—suspiró el oficinista, sacando un fajo de papeles arrugados—. Bueno, da igual. Han ascendido por el Albarán de Cátering número 402-B.
Kraznag se quedó helado y soltó una cuerda por lo que el brazo de Lord Karl cayó flácido sobre la mesa.
—¿El albarán de… qué?
—De cátering. Hace un mes, la directiva de la McMurty’s Brutal Bowl organizó una gala benéfica —explicó el funcionario, pasándose la mano por la cara—. Alguien encargó doscientas cajas de “Peta-Zetaz” para los postres. La factura de las chucherías explosivas llegó a esta oficina la misma mañana en la que el becario ogro estaba ordenando las actas de ascenso.
—No me joda —siseó el goblin. Él había convencido al Conde Elector de Averland de hacer el pedido.
—El becario grapó por accidente su factura de golosinas al Libro Oficial de Plazas de Segunda División —continuó el humano, con el tono de un hombre que ha perdido toda esperanza en la vida—. Y luego, el Comisionado Jefe, que estaba borracho de cerveza, selló la página entera con la runa de Aprobación Eterna.
—¡Pero eso es un error! ¡Es una factura de comida, por Nuffle! ¡Solo tiene que arrancarla del libro!
El oficinista lo miró por primera vez, con los ojos muy abiertos, genuinamente horrorizado por la sugerencia.
—¿Reconocer un error administrativo? ¿Arrancar una página sellada con la Runa Eterna? ¡Eso implicaría admitir que la NAF se equivoca! ¡Rodarían cabezas, empezando por la mía! —El hombre bajó la voz, casi suplicando—. Legalmente, el documento sellado establece que “Los Peta-Zetaz” son ahora una franquicia de pleno derecho en la McMurty’s. Si intentamos revertirlo, el Sindicato de Escribas nos hará una auditoría, y descubrirán que el año pasado permitimos que un equipo fuera registrado a pesar de que su nombre tenía relación con plantígrados y prácticas poco saludabes porque alguien derramó café sobre la lista de nombres censurados.
Cuentasclaras Intentó presentar un recurso. Intentó sobornarle. Le ofreció un 15% de descuento en su próxima prima de decesos con Seguros Ketemueres. Nada. El enano explicó que renunciar al ascenso requería rellenar el Formulario Épsilon-9, un documento que solo se expedía en Lustria los días de eclipse solar. Si no aceptaban, la franquicia sería disuelta y embargada por el fisco.
Kraznag se detuvo y soltó derrotado las cuerdas de Lord Karl, que se escurrió graciosamente bajo la mesa. Aquel caos burocrático era un muro más duro que un Hombre Árbol.
Pero mientras empujaba la silla de ruedas del “presidente” de vuelta a las cloacas de El Viso, empezó a rumiarlo. Segunda categoría, quizás no fuera tan malo. La audiencia de Cabalvisión sería mayor. Las apuestas de Vwin en su contra tendrían unas cuotas astronómicas. Si apostaba el triple a que sus propios jugadores salían en camilla, los beneficios taparían el agujero de los sobornos a los árbitros.
Sonrió, mostrando todos sus dientes afilados. Nuffle trabaja de formas misteriosas, pero siempre deja un rastro de monedas de oro si sabes dónde mirar. Y si la McMurty’s Brutal Bowl daba la audiencia que necesitaba, tal vez, solo tal vez, estaría un paso más cerca de conseguir su verdadera meta: una audiencia cara a cara con el mismísimo dios Nuffle. Tenía un par de pólizas de seguro de vida eterna que le van a encantar.