El león dorado (Tywin Lannister)

Hace semanas…

El hombre, o joven dependiendo delos ojos que lo observaran, dobló cuidadosamente los pliegues de la misiva lacrada con el león de su casas. Acababa de devorar las palabras de su padre, que al fin le confiaba el mando y la potestad para reclutar la leva, al menos los suficientes hombres para llevar a cabo su cometido. Los Siete sabían que él era un hombre precavido. Esbozó una sonrisa al deducir lo gracioso de su pensamiento para con los dioses, no era un hombre piadoso, pero sin duda las costumbres son fuertes raíces que alimentan al hombre.

Salió de su tienda, entrando en el pequeño bullicio de su campamento a primera hora de la mañana. Algunos hombres habían acudido a su llamada sin requerir el sello del león y otros muchos paraban para presentar sus respetos, camino del gran torneo que estaba organizando su padre. La idea, expresada en boca de su querida hermana, resultó de buen agrado para su padre y Tywin, generalmente reacio a aquellas banalidades, se limitó a asentir, sin siquiera mostrar una mueca de aceptación o rechazo.

A escasos metros de su tienda se topó con Damon, ansioso por comenzar los preparativos, entregó a este las instrucciones. Dile a tu padre que lo tenga todo preparado en una semana, los enemigos de mi padre no tardarán en mover ficha. Volveré en unos pocos días. Ensilla tu caballo cuando hayas terminado, te vienes conmigo.


Lady Diana dejó que los hombres del León entrasen en Sarsfield y fue una buena anfitriona. Se interesó del porque de aquellos hombres a sus puertas, y asintió ante lo ocurrido en las Islas del Hierro. Siempre era mejor tener a aquellos hombres de su lado que atacando sus tierras. Pero eso sí, ella no llevaría a sus hombres a una guerra tan lejana, por lo que Sarsfield se quedaría con todas sus armas en casa.

La propuesta de boda tomó por sorpresa a la mujer, pero no dudó en dar buenas palabras y pedir poder hablar aquello con su tío, a solas, para debatirlo, aunque lo cierto es que se sentó junto a Damon Lannister y habló con él largo y tendido.


Tywin Lannister comenzó a impacientarse a la mañana siguiente de ser recibidos. ¿Cómo podían tardar tanto en tomar una decisión? Entendía el miedo a un posible no, era lógico y muy correcto. Pero más temor debía de haber ante la cobardía. La segunda mañana fue cuando ató los hilos, sus enemigos de Castamere y Colmillo Dorado habrían actuado ya, la amplia red de traidores se extendía, como la gangrena si no se extirpaba el órgano infectado.

Se despidió de su anfitriona ante las puertas del castillo y partieron en direcciones opuestas. Deseó al tío de Diana un buen torneo y se encaminó hacia el sol poniente, deseoso de encontrarse con sus hombres.

Llevaba días sin tener noticias, el rey en persona pensaba personarse en Colmillo y sus enemigos tendrían todo lo necesario para denostar al inútil de su padre. Decidido, y con el corazón en un puño, cogió papel y se apresuró a que la pluma extendiera rápidamente la tinta. Sus palabras podrían desatar una guerra.

A la atención de las casas de Poniente,

Aciagos momentos nos han tocado vivir. Lord Tytos Lannister, señor de Roca Casterly y Guardián de Occiente, se encuentra cautivo entre las murallas de sus pérfidos siervos, que han quebrantado las sagradas leyes de hospitalidad. Lord Piper ha muerto y la Mano del Rey se encuentra gravemente herida. La causa, el envenenamiento, el arma de una mujer.

La casa Reyne vive asfixiadas con las numerosas deudas que contrajeron, aprovechando la bondad y generosidad de mi padre, Lord Reyne ha vivido por encima de sus posibilidades. Temiendo el reclamo de la deuda solo habían dos opciones, unir nuestras casas o la desaparición de una de ellas. Lady Ellyn fracasó en el intento de seducir a mi padre cuando mi tío Tion murió y ahora, utilizando el poder de la casa Lefford, planea llevar a nuestras casas a una guerra, enfrentando a la casa Lannister con la corona.

Yo, Tywin Lannister, heredero de Roca Casterly, demando justicia para con el reino, que capturen a la mujer y que sea juzgada ante los Siente.