El Pez Negro hace honor a su nombre

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#1

Por orden de su majestad Aerys, el segundo de su nombre, rey de los Ándalos y los Rhoynar y los Primeros Hombres, señor de los Siete Reinos y Protector del Reino se hace saber que Ser Brynden Tully, conocido como el Pez Negro, hermano de Lord Hoster Tully ha roto la paz del rey y atacado a la guardia real así como a multitud de hombres de los ríos.

Como tal es declarado traidor a la corona y todo hombre o mujer, noble o plebeyo que cabalgue junto a él o le de asilo será considerado culpable de los mismos crímenes que él.

Ante los terribles acontecimientos que nos ocupan y las terribles acciones cometidas por sus hombres se convoca a Lord Tristan Ryger, Lord Jonos Bracken y Lord Tytos Blackwood a Desembarco del Rey para presentarse a la justicia real. El rey promete ser clemente para con aquellos que hagan examen de conciencia y se arrepientan de sus actos.

Dado que Aguasdulces carece de hombres de honor que la gobiernen, y hasta la resolución del juicio, se convoca a los hijos de Lord Hoster Tully, Catelyn, Lysa y Edmure a Desembarco para ser tutelados por la casa Targaryen.

—Lord Symond Staunton, consejero de los Edictos


#2

Lady Catelyn Tully no necesita ser tutelada por nadie. Ni mis hermanos Lady Lysa Tully y Edmure Tully. Además de esto, Lord Jonos Bracken, herido, no podrá acudir a ninguna llamada del Rey Aerys. El Rey Aerys Targaryen está invitado a Aguasdulces para comprobar que yo, Lady Catelyn, no necesito de su tutela.

– Lady Catelyn Tully.


#3

Lady Catelyn portaba los grilletes con dificultad, no era habitual ver a una mujer cargada de cadenas en la corte, mas los cargos que la traían ante la corte no eran pequeños. Lord Symond Staunton tomó la palabra cuando la dama fue presentada ante el trono por un sonriente Ser Jonothor Darry:

Se os acusa de conspirar para derrocar a su alteza real Aerys Targaryen, el segundo de su nombre, de romper la paz del rey llamando a los vasallos de Aguasdulces y de tomar acciones de guerra contra hombres leales al reino. ¿Quién aquí desea hablar para apoyar estas acusaciones?

Los primeros en hablar fueron Lord Ambrose Darry y su familia, que narraron como las fuerzas de Aguasdulces atacaron Darry y les tomaron preso. Ser Myles Mooton añadió sobre como el Pez Negro obligó a los hombres de Poza de la Doncella a combatir contra los vasallos de Desembarco mientras ella ejercía de señora de Aguasdulces. La retahíla de otros señores menores y caballeros que hablaron de las acciones de Aguasdulces y de como, sin lugar a dudas, Lady Catelyn actuaba como señora de Aguasdulces en ausencia del traidor de su padre duró más de una hora y si pocas eran las dudas antes de empezar el juicio, ninguna quedaba ahora de la culpabilidad de la muchacha, solo quedaba ver si alguien hablaría en su favor.

Lady Lysa —clamó el rey— por deferencia a vuestra posición y a vuestra lealtad a la corona, ¿tenéis algo que añadir a lo aquí expuesto?

Rhaegar Targaryen escuchaba con fría serenidad la multitud de testimonios que la Corona presentaba contra la acusada, en un sillón lujosamente tallado que había situado justo a la izquierda del Trono de Hierro. De cuando en cuando tamborileaba la madera del reposabrazos con sus dedos y fijaba la vista en ellos, pensativo. Entre los testigos había hombres de todo tipo, unos, honestos y leales al rey que creían que otorgar sincero testimonio era su deber; otros, mentirosos codiciosos que esperaban obtener el favor real regando las orejas del rey con las palabras que su Majestad deseaba oír; y los que menos, mentecatos con ganas de obtener su momento de atención. Lady Catelyn aguantaba aquel teatro con estoicismo, pero el peso de las cadenas le iba pasando factura y conforme pasaban los minutos iba encorvándose más y más.

Llegó uno de los momentos más esperados y tensos del juicio cuando el rey Aerys interpeló a la hermana de la acusada sobre su parecer. Lady Lysa, acorralada, buscó primero refugio en los ojos de su marido para después bajar la cabeza al suelo, abrumada por la situación. La Mano del Rey consideró que aquel era buen momento para intervenir y para rescatar a la joven de tal embarazoso momento.

Lady Lysa no va a deciros nada, Padre, pero no porque no tenga nada que decir. Estamos juzgando a sangre de su sangre con la que además la unen lazos de cálido afecto. Es demasiado prudente para pediros clemencia por la vida de su hermana, pues no quiere que penséis que corresponde vuestra generosidad y bondad con ingratitud. Lamentará mucho la pérdida de un ser querido, aunque sea un traidora, más no os lo confesará.

Symond Staunton miraba al príncipe con mal disimulada hostilidad. Rhaegar lo taladró unos instantes con su mirada. «Cabrón mediocre», no pudo evitar pensar con profundo desprecio. Al igual que el resto de la camarilla de señores lameculos de Aerys no había terminado de digerir su nombramiento como Mano del Rey y tramaban con más ahínco que nunca su caída en desgracia. El príncipe dragón iba a evitar a toda costa que sus intrigas tuvieran éxito, y en el peor de los casos, iba a asegurarse de ser una presa excepcionalmente indigesta. El príncipe volvió a dirigirse a la sala.

No seré yo quién ponga en duda los cargos de los que se acusa a esta mujer, pues el relato de la mayoría de los testigos es, en general, sólido, y no veo motivos para dudar de su veracidad. Más no está de más recordaros, mi rey, que esta mujer es la hija de Hoster Tully y la futura Lady Stark por casamiento. Dos de los grandes cabecillas rebeldes la tienen en gran estima y su valor como rehén es excepcional. Si teméis que pueda haber algún intento de liberarla mantenedla cautiva en las celdas negras y con una fuerte escolta que vele por ella en todo momento. Sentenciándola a muerte haremos justicia, pero no sacaremos ningún beneficio inmediato.

¿Rehén, decís? —intervino entonces Lord Staunton sin aviso— ¡Mi rey, no le hagáis caso! —señaló entonces al príncipe con el dedo— ¡Vuestro hijo la quiere viva para recoger el testigo del infame Lord Connignton! ¡Intentará liberarla sin vuestro permiso para intentar ganar el favor del Hoster el Traidor, quién sabe con qué fines!

¡Tiene razón, Majestad! —añadió Lord Owen Merryweather con vehemencia— Además, debemos de ser inflexibles a la hora de tratar la traición. Si nos mostramos débiles incitamos a otros a seguir el mismo camino, pues no les repercutirá consecuencias.

Parecía que otros iban a sumarse a las objeciones cuando la Mano del Rey se irguió en toda su altura desde su asiento.

¿Sois cuervos amaestrados que graznáis por turnos? —espetó el príncipe con una voz que cortó toda réplica posible— Guardad silencio y esperad el veredicto de Su Majestad.

Se hizo un silencio sepulcral en el salón y mientras Rhaegar volvía a tomar asiento aprovechó para mirar a su padre. Sus miradas se cruzaron un instante antes de que el monarca dirigiera su vista hacia la acusada, dispuesto a emitir su juicio.

El rey escuchó las palabras de su hijo con serenidad. Quizás tuviera razón, quizás el valor de Lady Catelyn como rehén era mayor que imagen de la justicia.

No volváis a osar interrumpir al príncipe cuando este habla, Lord Staunton — Aerys se levantó del trono por primera en todo el juicio, no hace mucho Hoster Tully estuvo presente frente allí mismo y muchos dirían que fue cuando dictó sentencia que la suerte quedó echada y el reino comenzó a sangrar, mas estaban equivocados, todo se preparó mucho antes. Aquél juicio solo fue la señal que todos esperaban, este sería una señal diferente —Mi querido hijo tiene razón, como dije hace lo que parece una eternidad, cuando creciera volvería a mí, cuando entendiera a ver el mundo como un príncipe en lugar de como un caballero podría tomar el lugar que le corresponde. Viendo el valor de Lady Catelyn como rehén sabe entender que la estabilidad del reino pasa por encima de rencillas personales — el príncipe sonrió, sus padre había visto la sabiduría de sus palabras, quizás aún quedara una oportunidad para la paz — Y si sus crímenes fueran otros quizás quedara espacio para tomar otra decisión, mas es por su palabra que miles de hombres buenos, hombres leales al dragón perecieron en los ríos, es por su palabra que el reino se desangra — un suspiro de asombro recorrió la estancia.

Lady Lysa, despedíos de vuestra hermana si así lo deseáis. Septon Supremo, preparad los últimos ritos.

Los preparativos fueron sencillos, los últimos ritos administrados en privado y la prisionera escoltada por la guardia real. La hoja de la espada silbó en el aire, la mano de la Justicia del Rey era diestra, rápida y precisa y todo acabó casi antes de que empezara. Lady Catelyn Tully, hija de traidor, sobrina de traidor, esposa de traidor y traidora por voluntad propia acabó sus días en la Fortaleza Roja.

Rhaegar, hijo mío — el comenzó a retirarse mientras pronunciaba unas últimas palabras — Aseguraos de que su cadáver es entregado a las Hermanas Silenciosas para que sea enviado a Aguasdulces.