La Danza que nunca cesa

Los rumores comenzaron a filtrarse por las ciudades y castillos de Poniente como un susurro persistente, llevando consigo historias intrigantes y preocupantes. En Lanza del Sol, las murmuraciones eran más que simples chismes: decían que el hijo de Arianne Martell había nacido con el cabello plateado, un rasgo inconfundible de la antigua Casa Targaryen. La noticia se esparcía por los pasillos del Palacio del Sol, causando miradas curiosas y preguntas en voz baja.

A la par, en Altojardín, la sorpresa fue aún mayor cuando el hijo de Margaery Tyrell también fue visto con el mismo cabello plateado. Los jardines floridos y las torres de la casa Tyrell se llenaron de especulaciones y murmullos. Las matronas y las doncellas no podían dejar de preguntarse qué significaba aquello.

La coincidencia no pasó desapercibida. Los rumores hablaban de Aegon Targaryen, el pretendiente que había reclamado su derecho al Trono de Hierro. Sus conquistas, al parecer, no se limitaban a los campos de batalla. Las historias susurraban que Aegon había visitado tanto Dorne como el Dominio, y sus amores en estos lugares habían dejado marcas tan visibles como su cabello plateado.

En los rincones oscuros y las salas de consejo, las mentes más sagaces comenzaron a preguntarse qué significaba esto para el futuro de Poniente. Si Aegon Targaryen realmente había dejado descendencia en casas tan poderosas, sus alianzas amorosas podrían cambiar el equilibrio de poder en los Siete Reinos de maneras imprevisibles.

Mientras tanto, las madres orgullosas, Arianne Martell y Margaery Tyrell, miraban a sus hijos con una mezcla de amor y preocupación, conscientes de que sus pequeños podrían ser más que simples herederos; podrían ser piezas clave en el juego de tronos que nunca cesa.

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