Lord Bruce asintió, también sorprendido por la cálida bienvenida, y siguió al rey al interior de la tienda, lo había visto en una única oportunidad hacía cuanto, diez, quince años quizás y no pudo evitar pensar en cuanto había envejecido. Aquel era el hombre que había rechazado la invasión dorniense y capitaneado sus tropas en la alianza contra Volantis cuando aún era un muchacho imberbe, el mismo que había capitaneado a la vanguardia de La Tormenta contra el Dominio en Campoestío y matado al Rey Garse en combate singular. Ahora la mirada aquilina se veía cansada, los hombros curvados por el peso de la edad, la melena y la larga barba encanecidas, y aún así el viejo rey mantenía una presencia imponente.
Lord Bruce aceptó la copa que le ofrecía el escudero y se removió con cierta incomodidad en su asiento ante el cumplido del Rey.
Gracias Milord, me honráis con vuestras palabras, pero no me corresponde a mi ese mérito, si no a vuestra capacidad para convocar a los hombres, todos esperan que los conduzcáis una vez más a la victoria, no había falsa humildad en las palabras del señor de Canto Nocturno, es más, se sentía avergonzado por haberse presentado sin tropas propias, puesto que los hombres de la Casa Caron se habían quedado protegiendo los pasos con Dorne.
Todas las casas marqueñas han acudido prestas a vuestro llamado pero, si bien hemos dejado atrás hombres capaces y experimentados guardando nuestras fortalezas, sus números serían insuficientes si sufrimos un ataque a gran escala, Bruce miró al Rey, debía transmitirle lo que era una preocupación común de todas las casas fronterizas, todos hemos dejado nuestras familias y propiedades atrás y los dornienses son chacales atentos a cualquier debilidad para atacar.
Lord Bruce era un hombre de palabra, había jurado lealtad al Rey Argilac y a la casa Durrandon como antes lo había hecho su abuelo y sus antepasados, había recibido las órdenes del rey y las había obedecido y ahora las obedecería de nuevo, aún si estas eran marchar al norte del Aguasnegras, pero como hombre apegado a su tierra y a su familia, le costaba entender que para luchar con un ejército invasor tuvieran que abandonar La Tormenta.