Marcháis hasta Piedrasviejas sin mayoras problemas que la incesante lluvia y el barro. Ascendéis la colina hasta adentraros en las ruinas y allí encontráis el sepulcro de Tristifer IV el Martillo de la Justicia.
No sin cierta congoja en el corazón rompéis los sellos y cuando se disipa el polvo comprendéis lo futil de vuestra misión, nada más que polvo queda en la tumba, si allí estuvo realmente enterrado el rey Tristifer IV hace mucho que o los elementos o los saqueadores limpiaron la tumba.
Pero no todo está perdido, os decís, al fin y al cabo es tan solo un martillo, un símbolo, algo que una a los rios bajo el mando de Elmo, solo necesitáis decir que lo habéis encontrado. Mientras debatís el qué hacer el sonido de los caballos os sorprende, cuando os queréis dar cuanta unos 30 caballeros y otros tantos arqueros os rodean y pronto os veis desarmados e interrogados.
Los ruegos de Ser Elmo acerca de su alcurnia no son escuchados hasta que el señor de aquellos hombres hace acto de presencia. Ser Aeron Nayland es caballero sólo de título, sus armas son viejas y su caballo un simple palafrén. Su llegada tranquiliza las cosas cuando reconoce a Ser Elmo como el heredero de Aguasdulces, pero sus palabras son duras, no gustan de haberos encontrado en Piedrasviejas actuando de manera furtiva.
Os llevan a Pantano de la Bruja donde quedáis como “invitados”, Lord Howland Nayland, pese a la pobreza de su casa, es muy buen anfitrion y sabe tratar como es debido a Ser Elmo, peor no cabe duda que sois prisioneros. Ser Elmo habla de la caravana que deberia llegar a Pantano de la Bruja desde Aguasdulces mañana mismo y Lord Howland da por cerrado el asunto hasta que esos “regalos” lleguen.
Estos tokens quedan retrasados hasta que se resuelve la misión 17. Lord Nayland está MUY enfadado de que hayáis entrado en sus tierras sin pedir permiso previo y desacrado la tumba de Tristifer IV y las ruinas de Piedrasviejas.