Laboratorio del Clan Moulder, en algún húmedo túnel bajo la superficie de Isla Nuffle.
La monstruosa Rata Ogro se alzaba ante ellos, apenas contenida por las gruesas cadenas que la mantenían unida a la pared. Sus músculos temblaban bajo la piel mientras arañaba el suelo con unas garras capaces de partir un cráneo como si fuera una nuez.
—Se trata de nuestro mejor-mejor espécimen —masculló el maestro Moulder, mientras sus bigotes olisqueaban el aire, contrariados—. Verminus pagará muy-bien por usarlo en el campo de batalla-batalla.
Uncle Flue ladeó la cabeza.
—¿Nkh? ¿Batalla-batalla?
—Guerra. Destrucción. Matar muchas-muchas cosas-sin-pelo.
Uncle Flue abrió los ojos, complacido.
—¿Cosas-sin-pelo?
El maestro Moulder asintió orgulloso.
—Sí-sí. Una máquina perfecta. Dos corazones. Tres pulmones. Mandíbula reforzada. Ira permanente. Cero disciplina.
Uncle Flue sonrió.
—¿Puede correr-correr?
El Moulder se quedó callado un instante antes de responder. Sus ojos miopes se entrecerraron, suspicaces.
—…Sí.
—¿Puede placar-placar?
—Probablemente.
—¿Puede recoger balón?
Silencio.
La Rata Ogro gruñó.
El maestro Moulder miró a la criatura.
—Puede recoger muchas cosas.
—¿Balón-balón?
—Eso todavía no lo hemos probado.
Uncle Flue golpeó el suelo con su bastón.
—¡Entonces será perfecto-perfecto!
El Moulder parpadeó de nuevo mientras se rascaba la cabeza, confundido.
—¿Para la batalla-batalla?
—¡No-no!
Uncle Flue señaló a la criatura.
—¡Para Blood Bowl!
—¿Blood… Bowl?
—Sí-sí. ¡Hermosa violencia para todos los públicos! ¡Romper líneas! ¡Reventar cráneos! ¡Fracturar huesos! Y después…
Uncle Flue levantó un dedo.
—…¡recoger el balón-balón!
La Rata Ogro volvió a gruñir, satisfecha.
Uncle Flue sonrió.
—No necesitamos que piense mucho. Sólo necesitamos que piense lo suficiente.
El maestro Moulder miró nuevamente a su creación con cierto escepticismo.
—Eso podría costar extra-extra.
Uncle Flue sonrió todavía más.
—La Tesorería del Liverminpool está prepa-preparada.
Y en algún lugar, muy lejos de allí, un contable Skaven se ajustó la rebequita, aunque las puertas estaban cerradas, acababa de sentir un escalofrío recorrerle la espalda.