Una oportunidad de oro perdida

Septimos. Después de todo el esfuerzo habían quedado séptimos. Y esta vez no podía culpar del fallo a terceros. Su equipo no había dado la talla en la gran liga. Gargaroth caminaba cabizbajo hacia el campo de entrenamiento. Visualizando el campo vacío, sin jugadores, la nada que le obligaria a volver a empezar. Porque eso sí, ya podían matarlo si querian sacarlo del juego. Putos goblins… y putos todos. A la mierda, reharía el equipo, empeñaría la taberna o vendería a los hijos de sus primos. Pero pondría un equipo en competiciíon tan pronto como lo tuviera.

En esas estaba cuando llegó al final de pasillo de vestuarios. Primero escucho los gritos, despues los vio. Ahí estaba su equipo. Vencidos. Derrotados. Pero no se habían rendido.

Torgeis Tres Metros. Con sus musculos hipertrofiados y sus ojos pequeños bramaba mientras empujaba al resto del equipo. Durran y Curran, de listos no tenian ni las letras, pero a corazó no les ganaba nadia, soplaban y pateaban intentando contener a la abrumadora fuerza de Torgeis ellos solos. Claro que no empujaban solos. Visig mascullaba maldiciones, Lorrene liberaba terribles flatulencias en su empeño por hacer fuerza, Karthos en su linea ya había hundido sus piernas hasta las espinillas en el suelo, Urgathos soplaba por el esfuerzo como una tetera vieja, Allibael contraia su rostro como una parturienta de trillizos, Shaki gemía por el esfuerzo rivalizando con las más grandes mientras miraba de reojo a Lindon, temiendo se en su empuje empujara donde no debía, Berrin empujaaba los gemelos era a fin de cuentas la tercera pata de aquel banco tarado. Susy los insultaba a todos, atacaba la hombría de unos y a otras les afeaba la conducta por promiscuas.

Gargaroth, no dudó, casi habían frenado a Torgeis. Así que se unió a el. Gritando “Khrone”, aplicó la ténica secreta que sabía despertaría la ira de Torgies y en pocos segundos, todos estaban magullados y patas arriba. El lo miraba con ira en la mirada, pero desde dentro, estaba orgulloso. Habían sido derrotados, pero no habían huido. Volverían a pelear y fuera pronto o tarde, vencerían. Mientras tanto, nadie diría que Abrazos, Besos y Caricias de Khorne era un equipo de rajados.

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