Arena y ceniza

Lanza del Sol, medianoche

El palacio estaba en silencio, salvo por el siseo constante del viento del desierto chocando contra los ventanales de bronce.
Las antorchas eléctricas temblaban sobre los muros dorados del Salón Solar.
Tres figuras se reunían bajo la mirada inmóvil de los antiguos reyes de Dorne.

La Sultana Nymella Martell, de pie junto al mapa iluminado del sur de Poniente, escuchaba sin interrumpir.
A su derecha, Qorayn Jordayne sostenía un pequeño cuaderno de notas, con su pluma de engranajes girando lentamente entre los dedos.
A su izquierda, Rym Dalt, aún con polvo de arena en los hombros, se mantenía rígido como una torre.

—Han pasado dos días desdeel conflicto Tesla —dijo Qorayn— y ya corren tres versiones distintas de lo ocurrido. La Tormenta nos acusa de soborno. El Dominio dice que fue sabotaje de Essos. Y en el Norte hablan de un milagro o de una maldición.

Rym soltó un bufido.
—Tres mentiras distintas, y en todas tenemos algo que perder.

La Sultana no apartó la vista del mapa.
—¿Sabemos algo real?

Qorayn negó con un leve gesto.
—O ganar Rym, o ganar. Nada. Ni una prueba, ni un rastro del profesor. El pabellón de Tesla quedó sellado por la Guardia Federal. Pero los rumores… crecen como hongos bajo la lluvia.

—Entonces los cortaremos de raíz —gruñó Rym—. Si no sabemos qué ha pasado, lo sabremos antes que nadie. Y si alguien intenta manchar el nombre de Dorne, lo pagará con sangre.

La Sultana se volvió hacia ellos.
Su voz, baja pero firme, llenó la sala como un eco de fuego.
—No necesitamos sangre, general. Necesitamos certezas. Si todos buscan a Tesla por ambición, nosotros lo buscaremos por supervivencia. Quien lo encuentre… dominará el siglo.

Hubo un silencio pesado.
Solo el sonido de los mecanismos del reloj solar interrumpía la calma.

El mapa solar se apagó, dejando la sala en penumbra.
Afuera, el viento sopló más fuerte, levantando nubes de arena que golpearon los muros como si el desierto aprobara en silencio.

La reunión terminó sin testigos.
Solo tres voluntades unidas bajo una misma certeza

Si el mundo arde por la ciencia, Dorne se alzará desde sus cenizas.

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