Carta del Septón Supremo a las diócesis de Poniente

Suelen los pueblos Fieles a la palabra de Dios ayudarse mutuamente en días de tribulación, en cumplimiento de la ley de caridad de fraternidad que une en un cuerpo místico a cuantos comulgamos en el pensamiento y amor de los Siete que Son Uno. Órgano natural de este intercambio espiritual son los Máximos Devotos, a quiénes se les encomendó la misión de regir la Iglesia de Dios. El corazón del Sur, su flor más granada, el Dominio, que pasa una de las más grandes tribulaciones de su historia, ha recibido múltiples manifestaciones de afecto y condolencias del muchos prelados de Poniente, ya en mensajes colectivos, ya de muchos septones. Desde la Santísima Sede de Desembarco de Rey queremos hoy corresponder con este Documento colectivo a la gran caridad que se ha manifestado de todos los puntos de la tierra, y aportar luz y certezas ante las grandes dudas que se atisban desde el horizonte.

Declaramos que alzamiento cívico-militar encabezado por el general Frank Tarly fue en su origen un movimiento nacional de defensa de los principios fundamentales de toda sociedad civilizada; en su desarrollo, lo ha sido contra la anarquía coaligada con las fuerzas al servicio de un gobierno que no supo o no quiso titular aquellos principios.

Consecuencia de esta afirmación son las conclusiones siguientes:

  • Primera:
    Que la Iglesia, a pesar de su espíritu de paz, y de no haber querido la guerra ni haber colaborado en ella, no podía ser indiferente en la lucha: se lo impedía su doctrina y su espíritu el sentido de conservación y la experiencia de la URSN. De una parte se suprimía a Dios, cuya obra ha de realizar la Iglesia en el mundo, y se causaba a la misma un daño inmenso, en personas, cosas y derechos, como tal vez no la haya sufrido institución alguna en la historia; de la otra, cualesquiera que fuesen los humanos defectos, estaba el esfuerzo por la conservación del viejo espíritu, sureño y creyente.

  • Segunda:
    La Iglesia, con ello, no ha podido hacerse solidaria de conductas, tendencias o intenciones que, en el presente o en lo porvenir, pudiesen desnaturalizar la noble fisonomía del movimiento nacional, en su origen, manifestaciones y fines.

  • Tercera:
    Afirmamos que el levantamiento cívico-militar ha tenido en el fondo de la conciencia popular de un doble arraigo: el del sentido patriótico, que ha visto en él la única manera de levantar al Dominio y evitar su ruina definitiva; y el sentido religioso, que lo consideró como la fuerza que debía reducir a la impotencia a los enemigos de Dios, y como la garantía de la continuidad de su fe y de la práctica de su religión.

  • Cuarta:
    Hoy, por hoy, no hay en el Sur más esperanza para reconquistar la justicia y la paz y los bienes que de ellas deriva, que el triunfo del movimiento nacional. Tal vez hoy menos que en los comienzos de la guerra, porque el bando contrario, a pesar de todos los esfuerzos de sus hombres de gobierno, no ofrece garantías de estabilidad política y social.

Así escribo desde Desembarco del Rey, haciendo memoria de los Hermanos difuntos y ausentes del Sur, en la fiesta de Nuestro Justo Padre Celestial.

Septón Supremo Alderion Hightower

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