Entre Acero y Parlamentos

Salón de Guerra de Canto Nocturno.
El fuego chisporrotea en la chimenea. Los mapas del sur están extendidos sobre la mesa: Dorne, Tormenta, el Dominio… y las Marcas en el centro, como una espina entre gigantes.

Ser Arren Manwoody permanece de pie, brazos cruzados, mirada dura clavada en los contornos fronterizos.

Lady Ysara Caron se sirve vino con serenidad, observando al general por encima de la copa.

Arren:
—Dorne habla de respeto. Pero los dornienses no respetan, sobreviven. Hoy nos sonríen, mañana nos llamarán intrusos. No olvido sus incursiones sobre los pastos del sur ni cómo quemaron nuestros graneros.

Ysara:
—Y sin embargo, Mariscal, con una guerra abierta contra ellos duraríamos lo que tarda el maestre en escribir la palabra “derrota”. La independencia no se mantiene solo con acero. También hace falta palabra… y apariencia de sensatez.

Arren golpea suavemente el mapa con los nudillos, justo sobre la frontera.

—La palabra no ataja caminos. Las montañas nos dan una línea natural de defensa. Si aseguramos esos pasos ningún dorniense, ni tormenteño, pondrá un pie aquí sin pagar su precio en sangre.

Ysara lo observa con una calma peligrosa.
—¿Y crees que los campesinos que apenas se han recuperado de la independencia aplaudirán otra campaña militar? Las Marcas necesitan pan… antes que gloria.

Arren, tras un silencio:
—La gloria alimenta más corazones de los que el pan puede llenar. Pero… —exhala— no podemos abrir todos los frentes a la vez. La Tormenta… ¿qué opinas de ellos?

Ysara:
—La Tormenta calla demasiado. Cuando el enemigo calla, no está quieto: está esperando. Nunca han asumido la independencia de las Marcas, solo la toleran por cansancio. Si atacan, no será frontal. Buscarán debilidad, fractura interna… o un aliado en el Dominio.

Arren:
—El Dominio… —murmura, moviendo una ficha sobre Vado Ceniza—. Hay quien dice que deberíamos tomar ese enclave y asegurar el río. Sin él, el sur del Dominio queda ciego.

Ysara deja la copa, la mirada más seria que nunca.
—Conquistar Vado Ceniza sería una declaración abierta de ambición. Y el mundo adora destruir a quien muestra ambición demasiado pronto. Ni Occidente podría justificarnos.

Arren la mira, finalmente desviando la ficha del Dominio.

—Entonces… ¿esperamos? ¿Nos atrincheramos y observamos cómo el mundo se prepara para tragarnos?

Ysara sonríe, pero no hay calidez en esa sonrisa.
—No. Nos preparamos para que cuando abran la boca… se ahoguen con nosotros atravesados en su garganta.

Una pausa. El fuego cruje.

Arren, casi como una confesión:
—A veces pienso… que no hemos nacido para resistir. Sino para avanzar.

Ysara se aparta del mapa, mirando hacia la ventana, donde las montañas recortan el horizonte.
—Quizá. Pero avanzar no siempre significa conquistar. A veces, Mariscal… avanzar es elegir el enemigo correcto… y dejar que los demás se desgasten entre sí primero.

Silencio.
El General observa el mapa. Por primera vez, no mueve ninguna ficha.

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