La gran base militar, centro del poder armador de la Corona Dual de los Ríos no era un lugar natural para la alta diplomacia, pero sí el escenario ideal para las negociaciones de guerra. El Vice Primer Ministro Lloyd Royce del Valle, pulcro y metódico, se sentaba frente al Alto Canciller Krevyn Vypren, que parecía prosperar en la tensión de la tinta y el papel. Vance, por su parte, se reclinaba en su silla mientras el tedio se grababa en cada línea de su rostro.
La sala, con mapas de Poniente clavados en las paredes, se convirtió en una cámara de tortura dialéctica. Horas se consumieron en matizar cada coma, en negociar un adjetivo. Royce, obsesionado con la interdependencia económica como escudo contra el comunismo y los intereses de Valle y Feudos, insistía en el lenguaje que disolviera las enemistades seculares. Vypren, vigilante de los intereses de los Archidues, luchaba por garantizar que el lenguaje empleado no creara nuevas fricciones.
Vance permaneció en silencio hasta la medianoche, cuando el texto parecía finalizado. Vypren lo miró, una señal preacordada.
— Una última cosa, Lord Royce — gruñó Vance, enderezándose. Su voz, grave y militar, cortó el aire. — La paz no sólo depende de las buenas voluntades de los impulsores de esta comunidad — repuso, sin ocultar su sarcasmo.
Con pulso firme, dejó dos nuevas hojas con sendos artículos que habían sido redactados por sus oficiales y validados por la Alta Cancillería. Un paso más en aquel vago compromiso de una unión más sólida. La propuesta de dos cláusulas de defensa colectiva.
Royce, aunque sorprendido por el repentino enfoque militar, las aceptó. Fortalecían la alianza sin forzar la mano del Valle en política ofensiva, garantizando la robustez de la unión.
Finalmente, el tratado quedó rubricado.
El Tratado de Harrenhal (CECA)
La paz en Poniente no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan.
La paz no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a los esfuerzos compartidos y concretos, que creen una solidaridad de hecho. La paz de Poniente exige que las enemistades seculares den paso a los vínculos del comercio, la industria y las relaciones económicas estables.
Allí donde prospera el comercio, la guerra no tiene sustrato en el que arraigar. Allí donde las naciones proveen para sus amplias clases medias, el conflicto, social y militar, no tiene cabida. Es en la interdependencia de las naciones y las cadenas comerciales donde se encuentra el futuro, la paz y la prosperidad.
Con este fin, el Gobierno del Valle Unido, la Corona Dual de los Ríos y los Feudos de la Corona rubrican el siguiente acuerdo:
- La creación de una alianza comercial y de paz mutua entre nuestras naciones.
- En los términos de esta alianza, nuestras fronteras serán, de facto, franqueables sin necesidad de control militar o aviso previo para todos aquellos comerciantes, embajadores, productores y demás agentes económicos reconocidos por cada uno de nuestros reinos.
- El común objetivo de prosperar y crecer económicamente aprovechando la especialización productiva de cada uno de nuestros reinos, utilizando nuestros recursos e industrias para la producción tecnológica y militar que garantice la paz en Poniente.
- El establecimiento de garantías de respeto de la autonomía en materia de política exterior de cada uno de los miembros, pero también el compromiso de trabajar por una unión más sólida y la protección frente a enemigos externos.
- El establecimiento de un compromiso de defensa común por el que las Partes se consultarán cuando, a juicio de cualquiera de ellas, la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las Partes fuese amenazada.
- El establecimiento de un compromiso de defensa común por el que las Partes acuerdan que un ataque armado contra una o más de ellas, que tenga lugar en su territorio o zona de influencia, será considerado como un ataque dirigido contra todas ellas, y en consecuencia, acuerdan que si tal ataque se produce, cada una de ellas, en ejercicio del derecho de legítima defensa, individual o colectiva, ayudará a la Parte o Partes atacadas, adoptando seguidamente, de forma individual y de acuerdo con las otras Partes, las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada, para restablecer la seguridad en la zona afecta a la Comunidad Económica del Carbón y del Acero y su zona de influencia.
- El nombrar a esta alianza la Comunidad Económica del Carbón y el Acero (CECA).
- Que la Bandera de esta Comunidad Económica habrá de representar a todos los firmantes.
- Que la CECA se compromete a estudiar la posibilidad de incorporar nuevos miembros en un contexto de acuerdo de todos los miembros, siempre y cuando cumplan los requisitos que los miembros acordaren.
Krevyn Vypren, con el rostro tenso por el esfuerzo, fue el primero en firmar, seguido por Lloyd Royce, cuyo apretón de manos fue tan firme como las cláusulas acordadas. Alester Vance firmó último. No le gustaba el papel, pero aceptó que este era el mapa para evitar una guerra total. Los tres prohombres se estrecharon las manos, sellando la Comunidad Económica del Carbón y el Acero, un pacto que fusionaba el comercio y la guerra bajo el estandarte de la paz
