Mision 10: Desde las profundidades

POV

Korl Greyjoy; Presente en la flotilla.

TOKEN

Korl Greyjoy Comandar la flota, seleccionar los buques enemigos.

Gran Kraken punta de lanza de los Tentáculos, los demás seguirán las instrucciones de Korl y abrirán fuego cuando lo haya hecho el gran Kraken.

Mi tierra es el mar Las artes de navegación de Korl le permitirán seguir un rumbo adecuado para dotar a su ataque del máximo efecto posible.

Un hombre, un destino : Arengará a sus esbirros para darles motivación extra para que hagan u trabajo eficiente.

EJÉRCITO

Tentáculos del Kraken 10 submarinos , en Gran Wyk , grupo rojo
Total: :military_medal:: 2.00 𖦏: 0.00 :heart:︎: 2500 :military_helmet:: 1500 :man_running:‍: Normal #: 0.0

OBJETIVO

Hundir unos cuantos barcos aleatorios. Más que el daño físico de hundir barcos, queremos hundir la moral enemiga.

MISIÓN

Posicionaremos los submarinos bajo la formación enemiga. Para que sea más difícil que identifiquen el origen del ataque.

Elegiremos buques distantes entre si. Para que el enemigo solo vea que se hunden pero no sepan porque.

Adicionalmente, disparemos a las hélices, para que hagan aguas desde atrás y se hundan lentamente.

Así los demás barcos verán morir a sus amigos ahogados y compañeros sin entender la causa.

Además si se hunden lentamente igual la flota frena para rescatar hombres.

LOCALIZACIÓN

Islas del hierro

ROLEO

Enseguida pongo roleo.

Korl planto sus manos sobre la mesa. En ella habían colocado figuritas de destructores, cruceros y acorazados.

Era una mesa como no había otra. Con dos niveles, sobre acústico y subacuático. Con cuadrantes y una gran brújula al fondo.

-Señores, este es el plan. Disparemos bajo la linea de flotación, queremos hundirlos sin revelar nuestra presencia ni número. Hasta ahí todo claro. Pero como lo haremos exactamente es lo complicado.

Es de día, los buques Occidentales proyectan largas sombras que nos benefician cubriéndonos. Nosotros conocemos la costa, ellos no tanto. Nos posicionaremos en el extremos más alejado de la costa de su formación.

Alinearemos los submarinos con nuestros objetivos. Y abriremos fuego por orden, cada uno de vosotros sabéis cuando tenéis que disparar. Disparemos a los barcos que más alejados estén de la costa, con suerte algunos de ellos votarán hacia la derecha y encallaran contra las rocas o en los bajíos que solo nosotros conocemos.

Quiero que abráis fuego sobre las quillas de los barcos, junto a las hélices. Es una zona que como ya sabéis una vez abierta la vía, es improbable que se pueda reparar. Dejaremos que se hundan lentamente, como si un gran monstruo de pesadilla los reclamase.

Dejaremos que mueran llamando a sus madres mientras el mar los atrapa. Pero sobre todo haremos que sus amigos los vean irse al fondo sin poder hacer nada.

Quizás sean demasiados para matarlos a todos, pero somos suficientes para hacerlos temblar de miedo mientras se cagan en los pantalones.

Uno de los capitanes alzó la mano.

-Señor. Desde que profundidad abriremos fuego.

Korl asintió. La pregunta era buena.

-Conocemos nuestras máquinas. Ellos no, bajaremos tanto como podamos sin perder capacidad de fuego ni puntería.

Una cosa más. El ataque no podrá durar horas. Tendremos que atacar, sembrar el caos movernos a otra posición. Pensad en los tiburones cuando cazan a los supervivientes de un naufragio. No atacan de golpe, van lanzando pequeños ataques.

Haremos de su viaje hacia nuestras islas, el peor viaje que se haya registrado en los anales de la historia.

¡Muerte al invasor!

Está es mejor.

La Flota del Ocaso, orgullo del poder naval de Occidente, avanzaba con arrogancia hacia Gran Wyk, más de doscientas naves formando una estela de acero sobre un mar que parecía dormido. Al tercer día, el primer destructor desapareció sin aviso: un rugido metálico, una sombra bajo la espuma, y luego nada. Los informes hablaban de una explosión interna, pero los testigos juraron haber visto los mástiles doblarse hacia abajo, como si algo invisible los arrastrara.

Esa misma noche, tres naves más se hundieron en silencio, devoradas por la oscuridad. Un crucero, el Harridan, quedó a la deriva con el motor destrozado y su tripulación presa del pánico. Los marinos rescatados balbuceaban la misma historia: tentáculos, enormes como torres, surgiendo de las profundidades.

El almirantazgo negó toda superstición y ordenó castigos por embriaguez y cobardía. Pero las desapariciones continuaron, siempre bajo el mismo patrón: una calma repentina, un temblor en el agua, un grito ahogado.

En los camarotes, los más viejos susurraban el nombre prohibido: el Kraken. Decían que los dioses del abismo habían despertado, reclamando la soberbia de los hombres que creyeron dominar el mar. Y a nadie se le pasó por alto que el emblema de los Greyjoy era el Kraken.