[Misión 14] La ofensiva del Mander, a.k.a Operación Mern

PoV

Frank Tarly, el Caudillo

«Paso de buey, vista de halcón, diente de lobo y hacerse el bobo. La capacidad intelectual del Caudillo es bastante modesta, pero su habilidad para hacer prevalecer su punto de vista y de mantener cohesionado al Gobierno alrededor de su figura es indudable.»

— Rufus D. Peake, Ministro de Hacienda e Industria del Gobierno Nacional.

Frank Tarly nació como hijo primogénito del que habría sido antiguo señor de Colina Cuerno, de haber seguido los estamentos nobles vigentes. Eso no quiere decir que los Tarly hubieran perdido su poder, al igual que muchos otros aristócratas, supieron hacerse un hueco y adaptarse en el panorama político y social del nuevo régimen republicano. Su voz aflautada y su débil complexión no parecían presagiar que el joven fuera a seleccionar la carrera militar tal y como deseaba su padre, militar de carrera, pero no tuvo que forzar las cosas pues fue el mismo joven el que le solicitó el acceso a la Academia General Militar del Dominio. Allí se graduó sin grandes menciones y eligió como destino las Islas del Verano, en busca de aventura, ya que entonces eran un polvorín.

Allí se ganó sus galones combatiendo. Los nativos decían que había sido tocado por el Dios de la Fortuna, ya que pese a exponerse en primera línea con gran valentía al fuego enemigo nunca fue herido. Es allí, entre la oficialidad donde también forjó su carácter y su ideología conservadora, ante la decepción por la pasividad y falta de mano dura contra los nativos isleños por parte del Gobierno, y es allí donde consiguió ser ascendido a general, un logro impresionante dada su juventud. A nivel nacional, se hizo su gran nombre reprimiendo duramente la gran huelga sindicalista del Lago Rojo.

Es de talante prudente y no se arriesgará salvo que se vea acorralado. Su forma de hacer la guerra es pragmática y metódica, aplicando brillantemente los conceptos de los manuales de guerra más modernos, lo que por lo general le asegura la victoria en caso de que los hombres y los suministros sean iguales o superiores a los del enemigo. Esta prudencia también la aplica en las relaciones políticas, lo que llega a exasperar a muchos, que lo ven como hombre tibio o indeciso, cuando no directamente corto de entendederas. Sin embargo, el Caudillo es un maestro en el uso del tiempo y la demora, y sabe cuando hay que presionar para hacer valer sus postulados. Eso y su conocimiento del panorama político conservador lo hacen un hombre muy indicado para formar una coalición antigubernamental estable.

El Caudillo es un hombre ante todo pragmático y de ideas simples, pero inflexibles, «Un país de propietarios y no de proletarios», «Lo importante es que haya cierta paz y orden», «Lo que hay que hacer es favorecer a las clases medias», etcétera. Tiene la sabiduría de dejar a hombres más aventajados que él desarrollar esas ideas e implementarlas en el plano material. En lo personal, también es un hombre sencillo. Sus inquietudes intelectuales son nulas, le gustan las monterías, las carreras de caballos, el golf del Valle y pasar el tiempo con su mujer y sus dos hijas. Tarly y su familia son ciegamente creyentes en la Fe de los Siete y en sus enseñanzas: no faltan a ningún oficio religioso. Su desconfianza hacia los ateos es palpable y eso ha hecho que muchos le imiten por instinto de supervivencia en su respeto a la religión, aunque no crean en el fondo las palabras de los septones.

Dirige personalmente la operación

Tokens

Frank Tarly, el Caudillo

A pesar de lo que digan sus detractores, no se llega a ser el general más joven en activo del Dominio sin tener dotes de mando y organización. Es valiente y muy perseverante, inflexible, de rígidos principios, sabe cómo imponer su opinión ante los demás y sabe como mantenerse en la cima del poder en aguas revueltas. Se considera un instrumento de los Siete al servicio de su patria destinado a restablecer el orden natural de las cosas y el buen gobierno.

General con amplia experiencia, dirige y organiza.

Príncipe Iván Karstark, el Primer Sable del Norte

El príncipe Iván Karstark es una leyenda viva para muchos. A su gran magnetismo personal favorecido por su planta marcial se le suman sus grandes dotes para la táctica y la organización, su sensatez, caballerosidad y sentido del deber. Ha aprendido mucho de su amargo exilio y de la derrota que sufrió en el Norte a manos de los boltoncheviques. Está decidido a que no se repita la misma tragedia en su nueva patria.

General con amplia experiencia, dirige y organiza.

División Añil

La División Añil es una fuerza de choque de élite compuesta por dornienses y marqueños enrolados cuando las marcas sureñas estaban bajo la autoridad de Altojardín. Están bien equipados y son célebres por su valentía, brutalidad y disciplina ciega. Está capitaneada por el infame aristócrata marqueño Lyonel de la Rontelle, llamado el Barón Loco por su temeridad y excentricidad.

Las tropas de élite nacionales son un valor seguro en cualquier campaña.

La oficialidad del Dominio

Frank Tarly era y es una figura muy popular dentro del Ejército del Dominio. En cuanto proclamó su rebeldía, fueron muchos los que desertaron de sus puestos dentro de los oficiales y especialmente de los suboficiales para unirse a él. Ahora nutren su ejército, y son tantos que incluso algunos tienen que verse obligados a cumplir con labores de simples soldados, para su amargura.

Aplican las directivas del Generalísimo con buen criterio y precisión.

Recursos estratégicos

1 unidad de combustible si procede. De las reservas de Colina Cuerno.

Ejércitos

  • División Añil Veterano +1 827 artillerías 33K infanterías 41 centinelas Motorizada (6) , en Camino a Altojardín
  • Primer Ejército de Colina Cuerno Veterano +1 4K artillerías 154K infanterías 2 caballeros 71 centinelas , en Frente de Altojardín
    Total: :military_medal:: 64.49 𖦏: 83.49 :heart:︎: 259800 :military_helmet:: 224208 :man_running:‍: Lenta #: 4.5

Objetivo

Lanzar una ofensiva general a lo largo del Frente de Altojardín en el Mander. Aprovechando la llegada de los ejércitos del Canciller por la retaguardia enemiga, vamos a embolsar al ejército federal.

Debe haber batalla pero el objetivo es forzar una rendición masiva al ver que están rodeados y van a ser exterminados como chinches si siguen con el combate. Ahora, si les sale la vena de jémer rojo CI negativo de luchar hasta el final, pues a provocar 200k muertes, claro, qué remedio.

Misión

Tal y como el Estado Mayor Nacional ve el asunto, la situación es esta:

Realmente es bien sencilla la operación a realizar. Concentraremos de manera extraordinaria tropas en las trincheras y empezaremos a bombardear a saco, básicamente vamos a recrudecer la intensidad del combate, pero no vamos a cargar a sus posiciones al otro lado del río, recibiríamos muchas bajas. Simplemente queremos tenerlos anclados allí ante la amenaza de que en efecto crucemos el río, pues estaremos preparados para hacerlo en cuanto se den las órdenes. Todo esto se hace para ganar tiempo y darles a los occidentales tiempo a desplegarse bien y cubrir todas las rutas de escape en su retaguardia.

Una vez lleguen los occidentales es un paseo. Superioridad de más de 2 a 1, mejores tropas, mejores materiales, y mejores posiciones. Se les deja canal para negociar para que vean que la situación es desesperada y no hay nada que hacer, pero nada, algo rapidito, rendición incondicional en una hora u os morís todos. No somos imbéciles que sabemos que pueden llegar tropas de Antigua, esto hay que dejarlo zanjado entre el viernes y el próximo lunes.

En cuanto a la estrategia, en caso de combate, aplicar receta de misión difícil y todos los puntos aplicados a reducir daño recibido en caso de éxito. Cuando gastemos los puntos máximos ahí, pues… yo que sé, ¿facilitar capturar gente? Juzga tú que es mejor sabiendo lo que deseo. Si no hay rendición, hay que ir al exterminio y a generar el mayor número de bajas, qué remedio.

Localización

En el frente de Altojardín.

Roleo

«Pobre cretino imbécil. Confío en su querido Gobierno y su querido Gobierno le ha fallado». Frank Tarly jamás tragó a Garlan Oakheart, que miraba a los generales de las colonias estivales y de las marcas por encima del hombro y se permitía el lujo de dar sermones sobre como debía ser el soldado ideal. Tarly nunca confío su suerte completamente a los políticos pues sabía los juegos sucios que se practicaban en los despachos de Altojardín y Antigua. Por eso el pragmático Tarly iba a sobrevivir y el virtuoso Oakheart iba a caer.

Los informes no dejaban lugar a dudas: el ejército del Canciller había tomado Roble Viejo y avanzaba rápido y sin oposición hacia el sur. La pinza para capturar al ejército federal que resistía al otro lado del Mander iba a ser ejecutada con una brillante precisión. El Generalísimo esperaba evitar un inútil baño de sangre: aunque la oficialidad traidora debía ser pasada por las armas, la gran masa de soldados sería una más que bienvenida remesa de nuevos reclutas.

Esto, sin embargo, no enmascaraba la falta de apoyos y la aparente apatía de la sociedad conservadora. Esperaba que esta victoria decisiva y que la amenaza del anarquismo y el boltonchevismo (que ya se habían manifestado en el Nuevo Barril) llevase incluso a los moderados a arremolinarse bajo sus banderas. La carta occidental solo podía ser jugada una vez y no podía esperar a ganar la guerra con ella. No podía esperar a gobernar con independencia si le debía la victoria a otros.

Toma, por si quieres el mismo mapa que tengo yo.

Lo único que tengo que añadir es que si quieres concentrar las tropas para simular un ataque por la ciudad, necesariamente abres la posibilidad de ser superado temporalmente en el frente sur, no nos llevemos sorpresas.

Mejor no hacer experimentos raros y que encima puedan olerse la tostada. Mantenemos ahí las tropas necesarias (las que había, vaya) para contener a los 50k que hay según mis informes. Tampoco descarto que reciba refuerzos de Antigua, de hecho es lo que creo que espera, porque si no no entiendo por qué ha dejado rodear este ejército del otro lado del río con tanta facilidad…

Pues así ha trazado el Estado Mayor el plan. Empezaremos con un bombardeo brutal de artillería a lo largo de toda la línea de frente para hacer declaración de intenciones: aquí venimos. Por otra parte desplegamos visiblemente a la División Añil -que ya debe tener cierta notoriedad- en el punto señalado para que el enemigo crea que el golpe duro va a venir aquí… pero lo ejecutaremos en el puente de más al Norte. Allí concentraremos a nuestros dos caballeros y una buena cantidad de centinelas para golpear con mucha dureza e intentar romper el frente. Todos los esfuerzos deben concentrarse a romper el frente en el puente Norte, el resto del frente debe dar combate de cierta intensidad pero sin intentonas serias de cruzar el río salvo que la vean clarísima; la idea es, sobre todo, enclavar a las tropas enemigas en los sectores que nos interesan.

Tampoco nos damos excesiva prisa en realizar estas maniobras, nos queremos asegurar de que:

i) hacemos las cosas bien.
ii) los occidentales abren el lance para que, quizá, con los primeros nervios iniciales, el general Garlan concentre en ese lado las tropas, facilitando así nuestro avance.

Y poco más, la verdad. Si rompemos el frente en el puente norte empezamos a meter a través de él infantería a mansalva para intentar llegar a su X, capturar su puesto de mando y descabezar al enemigo. A partir de ahí, caos y masacre. Respetaremos a los que se rindan pero no dudaremos en disparar si vemos cosas raras. La directiva es clara: ante la duda, tiro, y las preguntas después. Al igual que en Altojardín, prima el objetivo militar sobre cualquier otra consideración. Si hay que reventar de un cañonazo un campanario de la era Targaryen porque se han puesto tiradores molestos, se revienta. Ya lo restauraremos cuando ganemos la guerra.

En el hipotético caso de que lleguen super refuerzos de Antigua abandonamos plan de cruzar el río y centramos todos nuestros esfuerzos en aguantar el frente sur, manteniendo el minimo de hombres para evitar que los enemigos del otro lado del Mander crucen a nuestro lado. En esta situación los del Oeste habrán de ganar la batalla ellos solos…

He cambiado de idea con respecto a los puntos de estrategia a aplicar, vamos con duplicar daño y los puntos que sobren a reducir el daño recibido. Si están subiendo refuerzos de Antigua no tenemos tiempo para rendir bolsas de hombres, hay que liquidar y reventar la oposición enemiga de la manera más eficiente y despiadada. De eso va la guerra industrial.

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Las primeras salvas de artillería rasgaron el silencio mucho antes de que el sol asomara su rostro sobre el horizonte. Como un presagio de ruina, los cañones de la cancillería —doblemente numerosos y respaldados por la férrea voluntad de los frankistas— vomitaban fuego sobre las posiciones republicanas, atrincheradas en lo alto de la Casa de Campo de Altojardín. Más allá, el Mander se erguía como columna vertebral de la defensa, su cauce convertido en trinchera.

En el corazón de los suburbios, los sindicalistas encendían hogueras alrededor de su cuartel general. Columnas de humo negro se alzaban como estandartes de resistencia, cubriendo los tejados y las torres con su manto funesto. Con la llegada del alba, la artillería redobló su furia. La infantería de la cancillería, como una marea de acero, se lanzó contra el bastión republicano. Pero la comunicación con Frank Tarly se quebró en el fragor del combate. El señor de Colina Cuerno vaciló, su avance se tornó lento, casi dubitativo. La división añil, más resuelta, lo escoltaba con presteza, mientras muchas de sus tropas aún contenían a la guarnición de las Marcas en el sur.

Klaus Lannister, cegado por la ambición o por la niebla del campo, desoyó las advertencias de su segundo y avanzó, pese a la escasa visibilidad. La lucha por el cerro fue encarnizada. La élite republicana defendía con uñas y dientes, desplegando a sus caballeros y centinelas —colosos mecánicos pilotados por la nobleza— en una danza de fuego y metal. Pero en las riberas del sur, la resistencia era tenue, casi simbólica. Tras horas de combate y un reguero de cadáveres, las fuerzas de la cancillería alcanzaron el cuartel general… solo para hallarlo vacío. Un señuelo. Entonces, la Rosa Espinada, último caballero del Dominio, pilotado por Ser Arys Costayne, emergió como un espectro vengativo. Cargado de explosivos, sobrecargó su motor y se lanzó contra las líneas enemigas, provocando una explosión que sacudió los cimientos de la ciudad.

Mientras tanto, los hombres de Frank Tarly se estrellaban una y otra vez contra la férrea defensa del puente de Baelor el Santo. La resistencia era mayor de lo previsto, y solo cuando el puente cedió pudieron avanzar hacia el sur, al cruce de los Blackwood. Allí, milicianos mal armados fueron empujados hasta que finalmente se abrió paso hacia el oeste del Mander.

Pero al norte, liberadas de la amenaza frankista y con superioridad momentánea, las tropas de la república golpearon con furia las líneas occidentales. Estas, desbordadas, retrocedieron, dejando libre el verdadero objetivo de Garlan el Verde: la carretera del oeste.

Mejor organizadas, aunque desgastadas, las fuerzas republicanas emprendieron una retirada desesperada. La ciudad fue abandonada. Muchos valientes quedaron atrás, sacrificados por la causa. Pero al menos cien mil lograron escapar, llevándose consigo la esperanza de un nuevo amanecer.


Los occidentales se llevan lo peor de la batalla, tú sufres unas 15k, ellos unas 45k.

Unos 5k luchando en el sur contra la guarnición allí (según empezó la batalla se intensificaron los combates allí, los demás tomando las riberas)

Habréis acabado con unos 110k enemigos.

La ciudad es vuestra, sus supervivientes huyen hacia el norte, pero con el trajín de la batalla habéis perdido contacto con ellos.

Daño recibido
Infantería — 10280 bajas 10280 daño
Artillería — 252 bajas 2520 daño
Centinela — 11 bajas 2200 daño

Tremenda ruina tú, todo lo que no haya sido exterminarlos es derrota en mi libro.

Me río porque he exprimido a Lannister, pero parece que toca hacer giro de 180° a la estrategia general. Está todo negrísimo ahora mismo.