Mision 15: El Kraken es bueeeeeno

POV

Korl Greyjoy

TOKEN

Gran Kraken;

Mi tierra el el mar;

EJÉRCITO

  • Tentáculos del Kraken 10 submarinos , en Gran Wyk , grupo rojo
    Total: :military_medal:: 2.00 𖦏: 0.00 :heart:︎: 2500 :military_helmet:: 1500 :man_running:‍: Normal #: 0.0

OBJETIVO

Contrarrestar las corrientes de pensamiento negativas que relacionan con miedo al Kraken. El Kraken asiste a Korl, protege a los hijos del hierro.

MISIÓN

Patrullaremos la costa, dejaremos que los pescadores vean la sombra oscura de los Tentáculos en formación para que digan que han visto al Kraken pero que el Kraken les respeto. Por ser del hierro. Habrá testimonios que digan haber visto al Kraken, pero además la tripulación del Gran Kraken añadirá al mismo testimonio que den los demás, que el Kraken no ataca a los hijos del hierro, que los reconoce y solo pasa por debajo para que sientan su presencia y se sientan a salvo.

El Gran Kraken y su tripulación lideran la misión, aportando testimonios y guiando la sombra en las aguas bajo los pesqueros.

Mi tierra el es mar, los hombres de Korl, tras muchos años de navegar y tripular sus submarinos saben tanto posicionarse para ser vistos como posicionarse para evitar ser vistos. Ellos se encargarán de que si formación simule la sombra de un kraken bajo las aguas del hierro.

Que la gente diga que ha visto al Kraken y que el Kraken no hiere a los hijos del hierro de bien.

LOCALIZACIÓN

Islas del Hierro

Roleo

La hermana de Korl se desperezaba entre sus sábanas. 3 mastuerzos llenos de tatuajes y con más músculo que cerebro, probablemente sacados de alguna isla de aguas calidas, allá en la lejana tel ecirco, roncaban derengados por el camarote.

Ella los miro disgustada. No valían nada pensaba, unos minutos de diversión y un día entero para volver a tenerse en pie, había borrachos con más resistencia. Se vistió deprisa y salió del camarote atuendos el pelo.

Uno de los garrulos había contado que un Kraken había despertado y estaba hundiendo barcos. Que era un monstruo temible y que había venido para destruir el mundo. Ella lo mandó callar, no necesitaba su lengua para eso.

Ahora lo volvía a rememorar, la lengua y también las palabras. Mejor era el plan que estaba pergeñando. ¿Así que habían visto un Kraken? Ella si que les enseñaría el Kraken…

Entro en el camarote de su hermano sin llamar, el guardia, un gigante barbudo de sonrisa perenne le guiño un ojo y se atrevió a preguntar. La miro de arriba abajo y sonrió aún más.

-¿Y el otro, como quedó?

Ella le devolvió la sonrisa. Picara, seductora, insinuante.

-Sabes que no me basta con uno. Está vez eran 3, siguen inconscientes. No valían gran cosa.

El hombre sacudió la cabeza.

-No hacéis más que desgastar a nuestros guerreros. ¡Dejad algo al enemigo!

Ella se río, empujó la puerta y atravesó el umbral del camarote de Korl, mientras decía.

-Hermano. Nuestro pueblo teme al Kraken. Pero he pensado enseñarles el Kraken, a ver si así dejan de tenerlo y entienden que no es su enemigo, sino su protector.

Korl enarcó una ceja.

-¿A los 3 de anoche les enseñaste el Kraken también? Porque si ese es tu plan, no me convence demasiado.

En el pasillo se escuchó una risa divertida, que recordaba a unas viñetas antiguas para niños con un perro que reía sardónicamente.

La risa se desvaneció en el pasillo, dejando tras de sí un silencio denso. Korl la observó con esa mirada fría que reservaba para los momentos en que una idea peligrosa se convertía en rumor.
—Enséñaselos, si quieres —dijo despacio—. Pero no prometas lo que no puedes controlar.

Su hermana sonrió, aunque supo leer la advertencia.
Pero el daño ya estaba hecho. En los muelles y tabernas, las voces se multiplicaban: los marinos juraban haber visto tentáculos surgir entre las olas justo después de que Korl celebrara su última reunión con los sacerdotes del Ahogado. Los viejos decían que ningún Kraken despertaba sin un precio, y que si lo había hecho, era porque alguien lo había llamado.

Pronto, el respeto se volvió recelo. En las aldeas costeras, algunos empezaron a decir que el rey del Naufragio había sellado un pacto con las profundidades. Otros murmuraban que el Kraken no obedecía, sino vigilaba.

En las noches sin luna, cuando los barcos no regresaban y las campanas del puerto callaban, nadie se atrevía a pronunciar su nombre en voz alta.
Porque todos pensaban lo mismo, aunque nadie lo dijera: si el Kraken había despertado, no era un presagio… era una advertencia.


Tus actos no solo no consiguen su objetivo sino que muchos piensan que la culpa de que el Kraken haya despertado es de Korl. Su reputación baja.

Vaya, entonces… ¿Se ha re-puteado?

Sí, no le ha salido muy bien la jugada. Con estas misiones estás teniendo mala suerte, al contrario que con el resto.