Mision 19: Contranoticias

POV

Korl Greyjoy

TOKEN

El Gran Kraken

OBJETIVO

Invitar a Harwyn Saltbeard a entrevistar a Korl Greyjoy para que difunda noticias más ventajosas.

EJÉRCITO

MISION

Korl manda a su hermana a llevar una invitación para ofrecer una entrevista al locutor de Radio.

Ella se vestirá para matar, no se ofrecerá pero se dejará querer un poco, lo justo para animar al locutor a seguirla.

El plan consiste en darle al locutor una impresión más fiel de lo que ha sucedido para que los hijos del hierro sepan de qué va.

La cuestión que debe entender es que un enorme flota de más de 200 barcos salió de Lannisport hacia las islas del hierro, dado que era una flota de guerra, se asumió que venían a combatir.

Korl Greyjoy hizo lo que tenía que hacer para defender a sus compatriotas y su propia libertad. No puede dar detalles, pero está relacionado con el hundimiento de unos cuantos navíos Occidentales y los rumores sobre que lo hizo un Kraken.

Mientras esto sucedía, Korl hizo un llamamiento a la defensa de las islas. Aquí es donde la cuestión de vuelve de lo más anómala. Los Occidentales, puede que asustados o puede que sin una idea clara de que estaban haciendo, se habían dado la vuelta tras disparar al agua unos cuantos cañonazos.

Debe quedar claro que el único isleños herido por cañonazos Occidentales había sido un pescador de 97 años que murió de un infarto por el susto, pero que se iba a morir pronto de todos modos. No dejaba viuda y sus nietos ya tenían hijos enrolados en la marina del hierro. Con lo que las noticias difundidas previamente habían sido erradas.

Ahora bien, lo cierto es que una gran flota se había reunido, una como no se reunía hacia mucho y había que sacar partido a ello. De modo que Korl, invitaba a cada capitán de navío libre del hierro a unirse en una excursión como las del pasado a las aguas revueltas del dominio.

LOCALIZACION

Islas del hierro

ROLEO

Harwyn Saltbeard ajustó los diales oxidados de su pequeña emisora pirata, oculta en una cueva húmeda bajo los acantilados de Viejo Wyk. El mar rugía detrás de él, como si quisiera tragarse cada palabra antes de que escapara al éter. La antena improvisada —una maraña de cobre y piezas de un viejo barcoluengo— chisporroteó cuando encendió el generador.

—Aquí habla Harwyn Saltbeard… —murmuró al micrófono—. Para los oídos libres. Para los que aún recuerdan que no todo lo que dice un comandante es verdad.

Inspiró hondo. Aquello podía costarle la vida.

—Korl Greyjoy me ha ofrecido oro. Oro y favores. Quería que mintiera por él. Que dijera que la flota está fuerte, que el Kraken es un presagio favorable, que todo sigue bajo control. Y yo, hijos del hierro… no voy a hacerlo.

Un trueno lejano retumbó sobre el acantilado. La señal zumbó, inestable, pero siguió viva.

—Me buscó en mi casa. Me ofreció un puesto oficial en la emisora de Puerto Noble. Me pidió que dejara de hablar de los barcos hundidos, de los hombres que no regresan, de la gente que empieza a temer que él despertó al monstruo.

Harwyn bajó la voz, casi un susurro:

—Korl quiere controlar el miedo. Y quien controla el miedo, gobierna. Pero mientras mi voz siga en el aire… no tendrá silencio. Ni obediencia. Solo verdad.


Ups, parece que no ha funcionado. Más bien al contrario.