PoV
Rym Dalt
Comandante Supremo de Lanza del Sol.Líder respetado, maestro en táctica de guerrilla, voz de la resistencia popular.Asegura disciplina, moral y fuerza militar directa.
Se reune con Ser Vaelor Santagar para que cambie su lealtad a los intereses de Dorne, no de la Sultana.
Tokens
General Rym Dalt
Comandante Supremo de Lanza del Sol.Líder respetado, maestro en táctica de guerrilla, voz de la resistencia popular.Asegura disciplina, moral y fuerza militar directa.
Dirige la reunión y es el encargado de transmitir la necesidad de un cambio en Dorne.
Orgullo Dorniense
Un intangible poderoso: la memoria de que Dorne jamás fue sometida.
Orgullo latente en el aire, Dorne se juega su futuro.
Qorayn Jordayne
Ministro de Asuntos Exteriores. Brillante negociador, cosmopolita, estratega a largo plazo.
Actúa como garante de la reunión, y propone una salida digna del trono para la Sultana.
Ejércitos
N/A
Objetivo
Que Vaelor Santagar jure lealtad a Dorne por encima de la Sultana.
Misión
Se le mantendrá al mando de los escudos solares, solamente supeditado al General Rym Dalt. Voz y voto en el Consejo del Sol. Tratado con honores y respeto ya que se trata de una figura muy importante. Promesa de que la Sultana no sufrirá daño alguno.
Localización
Despacho de Qorayn, en Lanza del Sol
Roleo
El despacho de Qorayn en Lanza del Sol recibió a los presentes con la fría solemnidad de una sala que ha visto pactos y traiciones. La luz del sol se colaba entre las cortinas, dibujando franjas doradas sobre la mesa central; el reflejo recordaba, en un gesto casi litúrgico, los escudos del cuerpo de guardia. Qorayn permanecía junto a la ventana, comedido; su figura, contenida, funcionaba como un puente entre lo local y lo extranjero. Sobre la mesa reposaba un pequeño cofre con documentos sellados, discreto pero cargado de promesas.
Ser Vaelor Santagar hizo su entrada junto a Rym Dalt; el capitán cruzó el umbral solo, con la cabeza erguida y el manto de los Escudos Solares colgando con la precisión de quien conoce el peso del deber. La armadura, sobria y bien cuidada, apenas anunciaba las arrugas nuevas en su frente ni los rastros del tiempo en la barba. Sus ojos grises midieron la sala con la concentración de un juez, evaluando a los interlocutores más que a las palabras.
Rym Dalt ocupó un lugar frente a Vaelor, con la calma y la firmeza propias de quien sabe que cada gesto tiene consecuencias. No hubo afectación: la reunión tenía el carácter de una convocatoria militar, pero también la delicadeza de algo que debía conservar honor y prestigio. Qorayn cerró la puerta con suavidad y dejó que el silencio hiciera su obra; en Dorne, muchas verdades se pronuncian más en las pausas que en las oraciones grandilocuentes.
Rym abrió la conversación con voz contenida y directa. Habló como soldado y como dorniense: no para arrancar juramentos de imprudencia, sino para plantear la encrucijada que atravesaba el reino. Señaló que la lealtad del ejército debía orientarse hacia la tierra que alimenta a todos, no hacia la voluntad de una sola persona cuando esa voluntad comienza a poner en riesgo la estabilidad de Dorne. No se emplearon adjetivos grandilocuentes; la llamada fue a la claridad: ¿qué es más sagrado, la corona o el bienestar del pueblo y la integridad del reino?
Vaelor respondió con la gravedad de quien guarda un juramento que no se rompe con facilidad. Recordó la obligación prestada a la corona y defendió el valor del juramento personal. Aquello no fue un desplante: fue la exposición íntegra de una disciplina que no se altera por capricho. La tensión en la sala aumentó, porque de ambas posturas colgaba el porvenir de muchas casas y de muchos hombres.
Qorayn tomó entonces la palabra, con el tono mesurado que corresponde al mediador. No ofreció coacciones; ofreció garantías. Propuso un marco en el que el honor de los Escudos Solares quedase intacto: el mando de la unidad se preservaría, sus estandartes y prerrogativas se mantendrían, y el capitán tendría voz y voto en la futura estructura del Consejo del Sol. Al tiempo, Qorayn presentó alternativas para la Sultana —exilio honroso o un cargo meramente ceremonial— con la promesa de que no habría daño ni humillación pública. Su papel era el del garante neutral.