PoV
Klaus Lannister (Lyonel Marbrand)
Descripción del PoV
Reunión en Roca Carsterly entre Klaus Lannister y Waldric Reyne
Tokens
Klaus Lannister
Descripción del token
Discurso al pueblo de Occidente, mismo que reproducirán los periódicos y radios del régimen
Waldric Reyne
Descripción del token
Redactor del discurso y como Ministro de Propaganda y Pureza Cultural encargado de su difusión en radio y prensa
Juventudes Lannisterianas
Descripción del token
Con su fanatismo y entusiasmo contagiarán a toda la sociedad, protagonizando desfiles patrióticos y delatando a sus propios progenitores si perciben comportamientos antipatrióticos.
Ejércitos
N/A
Objetivo
Crear un clima prebélico de unidad y temor ante un enemigo común que justifique acciones políticas y militares futuras por parte del régimen de Occidente. Obtener bonus en misiones que promuevan la guerra.
Misión
Usar canales oficiales (discurso reproducido por prensa y radio), símbolos públicos (Juventudes Lannisterianas) y narrativas mediáticas (culpables elegidos) para transformar una pérdida aislada en una crisis nacional útil al poder.
Localización
Todo Occidente
Roleo
POV: Lyonel Marbrand, secretario personal del Canciller Supremo
Roca Casterly, despacho del Canciller. Noche cerrada. Los motores del acantilado ronronean como un animal adormecido.
El reloj marcaba las once y diecisiete cuando Waldric Reyne apareció, envuelto en un abrigo negro que parecía absorver la luz; sus guantes llevaban manchas que olían a humo y a tinta. El Canciller no despegó los ojos de los informes; apenas hizo el gesto que significaba ‘siéntate’. Me alojé en el rincón oscuro con la libreta en las rodillas, fingiendo ser invisible.
—La embajadora Lannister-Vikary —comenzó Reyne, dejando caer una carpeta con un susurro metálico— ha convertido la Feria en un atolón de luces para forasteros. Quiso encandilar a Desembarco y nos dejó huérfanos.
El Canciller extrajo un cigarro de su pitillera de plata, lo encendió e inhaló profundamente dejando que el humo formara una vaporosa barrera entre ellos.
—No me interesa su torpeza —dijo al fin, voz de frío contenido—. Me interesa el vacío que deja Tesla.
Reyne sonrió como un zorro que olfatea la sangre.
—El vacío, tiene algo mágico, mein Führer, puede rellenarse. Con nombres, con enemigos, con propósitos.
Se levantó y caminó entre las sombras del despacho, como si midiera lo midiera con pasos largos y precisos.
—Tenemos ya un relato —prosiguió—: no fue un accidente técnico ni negligencia. Fue obra de los infiltrados, de los agentes subversivos que intentan corroer nuestras instituciones desde dentro. Los que abrazan ideas ajenas y desprecian nuestra herencia. Si presentamos a esos elementos como responsables, la nación se unirá.
Klaus se irguió, la mandíbula tensa. Caminó hasta el ventanal y miró la costa, donde las luces parecían temblar como un cordón de luciérnagas encadenadas.
—Lyonel —dijo sin mirarme—, redacta una nota de la Cancillería: “Occidente lamenta profundamente el atentado contra el progreso humano y exige una investigación exhaustiva contra los elementos subversivos infiltrados en nuestras instituciones.”
Asentí. La pluma me pesaba en la mano, pero era un peso conocido.
Terminé la nota con una rúbrica neutra. Dejé en el margen —en una letra que nadie más leería— la sentencia que me ardía: “Por él, por nosotros. Por Occidente.” En mi pecho, junto con mi amor por el Führer, latía un odio puro y diáfano hacia los elementos subversivos, hacia las naciones que con su debilidad y laxitud permitían que operasen, hacia todo lo que no fuera Occidente.
El Canciller recogió la hoja y la leyó sin gesto.
—Que salga por radio y prensa —dijo. Su voz devolvió todo al orden. —Que se exija investigación y unidad.