Misión 21: Ingeniería de guerra

PoV

Alester Vance

Un veterano de guerra. En otros tiempos su vida sería diferente. Pero los tiempos en los que las espadas bastaban para mantener el poder llegaron a su fin siglos ha. La política y la diplomacia hacen estragos en algo tan sencillo como la cadena de mando de la disciplina castrense. Obligado a participar en un juego que detesta busca lo mejor para el Imperio. Un verdadero patriota que vive en una época para la que no ha nacido.

Serio, de rostro curtido por las cicatrices de cientos de escaramuzas, las inclemencias meteorológicas de decenas de campañas, aceptó el puesto de mando de un ejército desorganizado con el objeto de profesionalizarlo y prepararlo para la situación geopolítica que se avecina. Intenta mantener la cohesión de un ejército dividido entre lealtades nobiliarias, tensiones étnicas y falta de coordinación logística.

Desconfía tanto de los Bracken como de los Blackwood y aboga por la reforma del ejército hacia uno federal, donde la única enseña que importe sea la de la lealtad al Tridente.

En persona, el Alto Mariscal coordina la defensa de la ciudad.

Tokens

Cuerpo de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos del Imperio

Profesionales de la ingeniería civil formados en la Escuela Imperial de Ingeniería, esenciales para el desarrollo del Imperio Dual. Han impulsado la prosperidad con el sistema de presas, canales y ferrocarriles de la región. Se adscriben a la Administración, puestos técnicos, o la carrera militar, siendo la profesión que hizo germinar el Imperio.

Se analizan los puentes para conocer sus puntos débiles para saber dónde bombardearlos y organizan la construcción de trincheras en la ciudad.

Ejércitos

No hay ejércitos implicados, pero siempre están protegidos.

Objetivo

Descubrir las puntos óptimos donde ubicar las baterías de artillería para destruir los puentes, basándose en su estado, y comenzar a construir trincheras dentro de la ciudad. No cederemos ni un ápice de terreno para permitir su paso.

Misión

Los ingenieros se despliegan, acompañados de los soldados, para analizar el estado de los puentes y plantear dónde ubicar las artillerías para derribarlos en caso de necesidad.

Hecho eso (no debería llevar mucho tiempo), organizan a los civiles que no se unan a las milicias para comenzar con la construcción de trincheras y barricadas dentro de la ciudad de forma que conquistar el terreno sea un suplicio para los invasores.

Localización

En los Gemelos.

Roleo

Agustín de Betancourt deslizó los planos de Los Gemelos sobre la mesa, la mancha roja del avance enemigo a solo 50 kilómetros de distancia. Su mente de ingeniero odiaba la urgencia de la destrucción, pero la tarea era diseñar una defensa urbana capa por capa. Las barricadas no debían ser frontales, sino un laberinto en la ribera oeste, canalizando a los milicianos a puntos de fuego cruzado. Las ruinas de los almacenes viejos serían trincheras; el acceso a la plaza central, un embudo de acero.

El mayor dolor era pensar en la carga de demolición. Derribar los puentes, el corazón de la ciudad, sería la admisión de un fracaso político imperdonable. La infraestructura debe sobrevivir a la guerra. Él se limitaría a fortificar, a endurecer la estructura, a hacerla inexpugnable. Sus órdenes eran construir una muralla de hormigón y hierro dentro de la propia ciudad.

Agustín de Betancourt llevó las manos a la nuca, respirando hondo mientras los ingenieros locales estudiaban sus indicaciones. Los Gemelos no podía caer. No antes de que el gobierno provisional se consolidara, no antes de que los boltoncheviques mostraran sus verdaderas intenciones. Había que convertir la ciudad en un bastión sin destruirla.

—Primero las baterías —ordenó—. Doce piezas de 88 milímetros en la ribera oeste, disimuladas entre las casas de ladrillo. Quiero sus bocas de fuego cubiertas y ángulos amplios para batir la calzada norte.

Los artilleros obedecieron de inmediato. En cuestión de horas, se cavaron pozos profundos reforzados con vigas rescatadas de edificios semiderruidos. Las piezas fueron camufladas con lonas manchadas de barro y redes que imitaban el tránsito civil.

Después vinieron las trincheras.

Betancourt las trazó como un entramado de serpientes: líneas zigzagueantes, pozos de tirador, refugios antiaéreos improvisados con raíles ferroviarios. La ribera oeste se transformó en un casco duro, una ciudad dentro de la ciudad. Los vecinos observaban en silencio, algunos temblando ante la inminencia del combate, otros entregándose al trabajo con la resignación de quien sabe que la guerra no pide permiso.

Al caer la noche, el ingeniero caminó por las nuevas posiciones, escuchando el eco de las palas.

—Si vienen —murmuró—, no pasarán.

Y en lo profundo del horizonte, hacia el norte, el humo de los boltoncheviques comenzaba a teñir el cielo.


Obtienes un +1 a la defensa de Los Gemelos.