Misión 23: Funeral de Estado

PoV

Alester Vance

Un veterano de guerra. En otros tiempos su vida sería diferente. Pero los tiempos en los que las espadas bastaban para mantener el poder llegaron a su fin siglos ha. La política y la diplomacia hacen estragos en algo tan sencillo como la cadena de mando de la disciplina castrense. Obligado a participar en un juego que detesta busca lo mejor para el Imperio. Un verdadero patriota que vive en una época para la que no ha nacido.

Serio, de rostro curtido por las cicatrices de cientos de escaramuzas, las inclemencias meteorológicas de decenas de campañas, aceptó el puesto de mando de un ejército desorganizado con el objeto de profesionalizarlo y prepararlo para la situación geopolítica que se avecina. Intenta mantener la cohesión de un ejército dividido entre lealtades nobiliarias, tensiones étnicas y falta de coordinación logística.

Desconfía tanto de los Bracken como de los Blackwood y aboga por la reforma del ejército hacia uno federal, donde la única enseña que importe sea la de la lealtad al Tridente.

En persona

Tokens

Alester Vance, Alto Mariscal del Imperio

Alester Vance es la viva imagen del puesto. Veterano de guerra de probada valía y sobrados conocimientos estratégicos, fue elegido por unanimidad entre sus pares pese a tratarse de un Coronel y no de un General.

Ostenta el poder militar supremo (Ejército, Armada y Aire) cuando se declara el estado de guerra por votación parlamentaria. En paz, su competencia se reduce a la Escuela Imperial de Oficiales y la Unidades Militares. Es elegido por los oficiales de mayor rango y es un Coronel veterano, de amplia experiencia, valorado por sus conocimientos estratégicos.

En persona se reúne con todos los partidos políticos.

Escuela Imperial de Oficiales

Institución fundada en Aguasdulces para formar a los oficiales del ejército común, con el fin de superar las sensibilidades y mandos divididos de las fuerzas Bracken y Blackwood. Proporciona oficiales preparados para dirigir un ejército complejo y es la vía para que ambas Monarquías acepten un mando militar ajeno a su confianza.

Los oficiales acompañan a Alester para apuntalar su versión de los hechos.

Ejércitos

No hay ejércitos implicados

Objetivo

Que los partidos políticos se dejen de vainas y colaboren. Se deben encargar de organizar un funeral de Estado para las víctimas del ataque boltonchevique. Así estarán ocupados y su predisposición a colaborar pueda ser contagiada al resto de la población, que podrá ver que no ha habido represalias y que el Gobierno del Alto Canciller Vypren es bueno para ellos.

Misión

Alester se reúne con los representantes de los partidos políticos que han gobernado los Gemelos y los que permanecieron en la oposición.

Establece su voluntad de hacer borrón y cuenta nueva si colaboran para detener al comunismo.

Que han debido comprobar que el Norte no es un aliado sino alguien que pretende utilizarlos.

Se basa para ello en que ellos no fueron los primeros en disparar. Que la restitución del Gobierno de los Gemelos fue pacífica y que ellos fueron puestos en libertad.

Que nuestras diferencias queden atrás hasta después de la defensa de la ciudad, momento en que se buscará la forma de incorporar sus proclamas a la legislación ribereña. Que él mismo propugna un cambio que permita al Gobierno Federal legislar para todo el territorio, y que el Alto Canciller escuchará sus palabras.

Que deben encargarse de organizar un funeral de Estado para todas las víctimas de lo acontecido días atrás. Y se les hace saber que el Estado se ha encargado de pagar compensaciones equivalentes a las de un soldado que perece en batalla.

Localización

En los Gemelos.

Roleo

El Alto Mariscal Vance no perdió el tiempo en formalidades. Reunió a los líderes del Partido Liberal del Cruce y otras facciones locales en el Ayuntamiento asegurado.

— Señores. El coste ha sido terrible. Primero, organizaremos un funeral de estado para cada víctima de esta locura; es un deber sagrado. Segundo, el presente. El Norte no es un amigo. Es un lobo con piel de cordero que busca usarles para desangrar al Tridente. Deben entender esto. La única garantía de nuestra libertad es la voluntad de luchar por ella —.

Vance golpeó la mesa. — Nuestra libertad se defiende aquí. Cuento con ustedes, no solo para las barricadas, sino para la moral. El Tridente solo será libre si se defiende a sí mismo de todos sus enemigos. Trabajen con Ewilight —.

Los líderes presentes intercambiaron miradas sombrías. Algunos aún temblaban por el olor del humo, por el recuerdo de los disparos que habían estremecido apenas horas antes.

Fue Ser Wendel Haigh, viejo dirigente agrario, quien habló primero:
—Mariscal… ninguno de nosotros quiere ver más muertos. No después de esto. Ni por el Norte, ni por el Tridente, ni por nadie.

Lady Meryn Pyke, del Partido Liberal, asintió con gravedad.
—La gente está exhausta. Nuestros distritos están llenos de huérfanos. Y nuestros votantes no nos perdonarían otra escalada. Propongo un pacto: ningún partido apoyará acciones que puedan llevar a una guerra civil o a otro derramamiento de sangre.

El representante unionista, torvo, añadió:
—Nos defenderemos si somos atacados. Pero no seremos la chispa de otra masacre. El Tridente ya ha sangrado bastante por intereses ajenos.

Hubo un murmullo general de aprobación. Vance los observó, sorprendido por una vez de que el miedo pudiera convertirse en cordura.

—Entonces queda sellado —dijo Haigh—. Discutiremos, votaremos, disputaremos cada presupuesto… pero no mataremos más tridentinos por luchas que no son nuestras.

Vance inclinó la cabeza. Era lo más parecido a una victoria que podría obtener ese día.


Los partidos políticos están dispuestos a colaborar y las relaciones con el gobierno central se suavizan.