Mision 24: De lo que come un superviviente profesional

POV

Korl Greyjoy

TOKEN

El viejo Harl (3/3)

OBJETIVO

Dar mayor autonomía a mi flota en materia de abastecimiento de provisiones y duración de estas.

MISION

Harl es conducido a presencia de Korl, este lo entrevista nuevamente, a sabiendas de la experiencia de su servidor de dudosa lealtad. Se interesa por sus vivencias, le pregunta por sus derrotas, por si ha naufragado, por si ha pasado hambre.

El viejo marino le responde que obviamente si a todo. Sobre todo le habla del hambre y de como ese enemigo lo endureció, primero le hizo resistente a la privación, después le animo a revelarse contra ella en forma de determinación por buscar comida en todas partes y de todas fuentes posibles, finalmente en el despertó una nueva conciencia a propósito de la alimentación y la importancia de la calidad y cantidad adecuadas, en sabor, valor energético y nutricional.

Es en este punto cuando Korl le plantea escribir un libro sobre sus vivencias y experiencias. Antes de que un mal viaje con estupefacientes de mala calidad o un borrachera especialmente contundente acaben con el que sobrevive a todo.

Harl no está de acuerdo con que la droga o el alcohol lo vayan a matar, muchas tormentas y enemigos lo han intentado sin éxito. Pero si que está de acuerdo con que servir a Korl escribiéndole unas cuantas recetas y consejos de supervivencia para marinos hambrientos, es buen pago para toda la cerveza que se está trasegando a expensas del comandante.

Así que se propone escribir un libro de recetas básicas, pero nutritivas, suficientemente energéticas y que no sepan ni huelan a culo de mono crudo. En resumen, va a explicar al mundo como come Harl el superviviente cuando se le acaban los recursos y aprieta el hambre, pero pensado para ahorrar recursos desde el principio y que el hambre no llegue a hacer mella en el personal.

LOCALIZACION

Pyke

ROLEO

Toma asiento, abre bien los ojos y apunta lo que diga. No hablo por gusto: hablo porque he pasado hambre en tormentas que arrancaban clavos de la cubierta, y he cocinado caliente en barcos más fríos que la tumba de un Stark. He vivido a base de pescado ahumado, carne salada, raíces duras como piedras y agua tan turbia que había que rogarle a los dioses para que no te matara.

Con los años aprendí una verdad sencilla: si sabes qué mezclar, puedes comerte el mundo… o al menos sobrevivir hasta mañana. Aquí te dejo las recetas que más veces me salvaron la vida.


LA RACIÓN UNIVERSAL DE HARL

Caldo si tienes fuego. Barrita si no tienes nada más que tus manos.

La Mezcla Base (o “lo que no debe faltar jamás”). Da igual en qué puerto atracaste, qué tormenta te escupió a una playa desconocida o qué mercader te vendió gato por liebre: siempre podrás reunir algo de lo siguiente:

Proteína: pescado seco o fresco, carne salada, ave de roca, cabra, lo que sea. Hasta lo de lata sirve.

Cereal: cebada, avena, arroz partido, trigo machacado, bulgur. Algo que ablande al fuego.

Verdura resistente: algas secas, cebolla seca, raíces ralladas, hojas marchitas que aún huelan a algo.

Grasa: manteca, aceite espeso, grasa de pescado, lo que no se ponga rancio en dos días.

Aglutinante: gelatina, colágeno o agar. El truco para hacer una barrita que aguante temporales.

Sal y pimienta: lo único que nunca sobra en una bodega.

Si juntas todo esto, aunque sea poco de cada cosa, comes.

-–

Para cuando tienes olla, fuego y los músculos llorando de cansancio

1. Agua al fuego, la que puedas.

2. Un puñado de cereal y otro de proteína.

3. Un pellizco de verduras secas o algas.

4. Deja que hierva hasta que el barco deje de crujir.

5. Un chorro de grasa para darle cuerpo.

6. Sal, pimienta y lo que encuentres a mano (menos arena, que esa no la digiere nadie).

Con este caldo sobreviví a un naufragio en Skagos, tres inviernos en Pyke y una guardia nocturna donde casi me dormí de pie. Da calor, llena la tripa y te recuerda que sigues vivo.

Para cuando no hay fuego, no hay cocina, y apenas hay esperanza

1. Mezcla cereal machacado, proteína picada y verduras secas.

2. Echa solo un chorrito de agua caliente o templada.

3. Añade el aglutinante y amasa hasta que se pegue entre sí más que tú al mástil en una tormenta.

4. Prénsalo entre dos tablas o piedras planas.

5. Deja secar. Si hay sol, mejor. Si no, el calor de una máquina o tu propio cuerpo sirve.

Aguanta días sin pudrirse, llena como tres panes y cabe en el bolsillo. Es dura, sí. Pero también lo eres tú. ¿No? Si es que no, ve encargando ataúd.


VARIANTES SEGÚN DONDE TE LANCE EL DESTINO

TIERRAS FRÍAS – Donde el viento te muerde los huesos

Carga la ración con grasa. Pescado azul, manteca, raíces secas. Comes y sientes que vuelven los dedos a tus manos.

REGIONES TEMPLADAS – Donde la tierra es generosa

Mezcla varios cereales, mete verduras secas de granja. El caldo queda suave y reconfortante, casi civilizado.

CLIMAS CÁLIDOS Y SECOS – Donde el sol parte las piedras.

Menos grasa, más especia. Aceite de vegetal, pescado salado, cítricos secos. La barrita aguanta el calor sin sudar.

SELVA Y HUMEDALES – Donde el aire pesa como un yunque

Más vegetales, más algas, menos cereal. Añade fruta seca si la encuentras. Barrita blanda, caldo ligero pero cargado de vida.

VIDA MILITAR Y CAMPAÑA – Donde comes caminando

Lleva bolsitas ya mezcladas: 40% proteína, 35% cereal, 25% verdura/grasa/aglutinante. Si no hay fuego, barrita. Si llueve, barrita. Si te persiguen, barrita. Si estás vivo, barrita.

VIDA MARÍTIMA – Donde el mar quiere matarte cada día

Proteína ahumada, grasa clarificada, algas siempre que puedas. La receta no teme la humedad… o no tanto como tú.


Escucha bien, grumete, comer bien no es un lujo. Es supervivencia. El mar no perdona, la guerra menos, y el hambre es un enemigo silencioso que mata más que los aceros. Si llevas esta receta en la cabeza, no tendrás miedo al frío, ni al calor, ni a quedarte varado en una costa sin nombre.

Tienes éxito en la misión y consigues Suministros para 5 días.