Mision 25: Vamos al sur

POV

Korl Greyjoy

TOKEN

Korl Greyjoy

Mi tierra es el mar

Anguilas

EJÉRCITO

  • Hombres libres de Hierro Moral +2 3K artillerías 120K infanterías , en Mision 25 , grupo negro
    Composición: artillery: 3000, infantry: 120000,
    Total: :military_medal:: 43.20 𖦏: 57.60 :heart:︎: 150000 :military_helmet:: 144000 :man_running:‍: Lenta #: 2.9
  • Armada de Hierro Veterano +1 280 destructors , en Mision 25 , grupo negro
    Composición: destroyer: 280,
    Total: :military_medal:: 30.80 𖦏: 30.80 :heart:︎: 140000 :military_helmet:: 42000 :man_running:‍: Rápida #: 0.8
  • Transportes libres de Hierro 440 submarinos rápidos 360 transportes , en Mision 25 , grupo negro
    Composición: submarine-fast: 440, transport: 360,
    Total: :military_medal:: 88.00 𖦏: 0.00 :heart:︎: 200000 :military_helmet:: 12400 :man_running:‍: Lenta #: 0.2

OBJETIVO

Viajar hasta escudo gris dejandonos ver desde tierra para ver si ademas de llegar a las escudo, atraemos a la flota enemiga.

MISIÓN

Embarcaremos tropas y provisiones. Iremos a las escudo por la costa dejandonos ver, después cañonearemos a los peces cerca de Isla bella, para devolverles el favor a los Occidentales.

Los submarinos viajarán ocultos bajo la flota, pero no ocultaremos nuestro viaje, queremos que salgan a interceptarnos si se atreven. El destino primario son las escudo. Korl ha organizado la ruta teniendo en cuanta en que puntos se sabe que hay vigilancia costea, queremos que nos cuenten. Mi tierra es el mar, su conocimiento de la costa ayudara a que lleguen informes a Antigua acercandonos en los puntos en que mejor nos veran.

Los submarinos lanzarán misiones de exploracion por delante, comandandos por Peter la Anguila.

LOCALIZACIÓN:

Desde Gran Wyk hasta Escudo Gris
Un ejército de tamaño 1.1 necesita una semana y 3 días para ir desde Gran Wyk hasta Escudo Gris

  • 20 hexágonos de costa, a marcha lenta, embarcar, en 171 horas
  • Se espera que lleguen el jueves, 11 de diciembre de 2025

ROLEO:

Tarles Pykens había sido un muchacho problemático desde siempre, aunque su madre había intentado que aprendiera letras y números… Había cuajado poco, a decir verdad en la escuela no lo conocían demasiado. Al menos los profesores, porque a los alumnos si que les sacaba algunas monedas de vez en cuando. Lo seguía tras la escuela con un par de amigos con menos letras que el y con mucha menos luces también.

Cuando todos los niños de su edad dejaron de ir a la escuela y empezaron a tomar maestro de oficios, el se sintió perdido. No era lo mismo, robarle el dinero del bocadillo a un colegial menguado, que al aprendiz de un herrero, sabía que los otros aprendices le pondrían el morro como si hubiera comido erizo de mar sin quitarle los pinchos.

Tenía que hacer algo. Un día vagaba por el puerto, buscando unas monedas por descargar un barco o robar a algún gordo mercader. Había oído que los gordos mercaderes tenían bolsas gordas. Pero por algún motivo que se le escapaba, en el hierro los mercaderes no estaban gordos ni tenían bolsas gordas, de hecho los mercaderes del hierro, por lo general, eran más piratas y ladrones que mercaderes. En esas estaba cuando desde un pesquero le llamaron.

-Eh chaval. ¿Buscas faena? Tenemos un hueco libre en el barco. No te harás rico, pero aprenderás un oficio.

Mientras el hombre le sonreía convincentemente, sus hombres descargaban un bulto que aunque tapado con mantas se intuía un ser humano. Incluso goteaba sangre. De hecho en un momento dado una mano asomo por debajo de las mantas. El pescador vio la mirada del chaval y se rió.

-Chico, tranquilo, no lo hemos matado nosotros. Se podría decir que murió de viejo incluso.

Uno de los hombres se río salvajemente y cuando termino de reírse comento entre toses.

-Era más viejo que tú chico, pero no murió por eso. Murió porque la mar no perdona a los torpes. Si alguna vez oyes un grito de advertencia, apártate, al menos tendrás una oportunidad. Este atontado se quedó mirando mientras una nasa de langosta se le venía encima, no veas como dejó la borda de tropas…

El capitán puso mala cara al hombre pero volvió a sonreír al chaval.

-¿Y bien? ¿Te unes a nuestra tripulación? ¿O prefieres esperar a que te pillen robando a quien no debes y te corten las manos?

No había mucho más que decir, el capitán tenía razón y algo tenía que hacer, aunque fuera asegurar alguna comida nada más. Así que pregunto.

-¿Y cuanto me vas a pagar?

Los pescadores se rieron. El capitán le respondió.

-Haz tu parte y te llevarás tu parte. En función de lo que sepas hacer y hagas, recibirás.

Y así fue como Tarles se unió al pelícano rosa, el pesquero más feo de las islas del hierro.

Pasaron los días, las semanas y los meses. Tarles aprendió a pescar. Cuando supo pescar, aprendió a manejar el timón. Tras manejar el timón empezó a descubrir que su problema en el colegio no era la inteligencia, sino su capacidad para atender a las cosas que le importaban o no.

Aprnedió a guiarse con los mapas y los instrumentos, aprendió a guiarse con las estrellas, como seguramente sus antepasados hicieran. Las las largas horas de pilotaje le aburrian soberanamente, su pasión era la pesca de los grandes cetáceos. No siempre iban por ellos, pero siempre que lo hacían, algun miembro de la tripulación no volvía a puerto.

Para Tarles era como una especie de viaje como los que emprendían los capitanes del pasado por botín y gloria. Luchaban, vencían o morian. Pero con la pasión exacerbando el latir de sus corazones. Ojala los tiempos de saqueo y gloria volvieran. Cada retorno a puerto, se daba la vuelta por el puerto, siempre los mismos barcos. Siempre las mismas historias. No es que Ygrin o Harrag no trajeran buenas historias, pero eran más de lo mismo. Nada grandioso.

Pero un día llegó un barco nuevo, extraño, má pequeño que los destructores corrientes del hierro y sin embargo, amenazante, desafiaba a quien lo mirase. Era especial, negro como el fondo del mar, pero tenía algo dibujado en un tono amarillo mate. Se dirigió a su taberna habitual, se tomó unas pintas y como siempre, se retiró a su catre en el hogar comunal de la cofradía de los pescadores.

Pasó de nuevo por delante del extraño barco, se detuvo a mirarlo el tiempo suficiente, para poder observar desembarcar a un hombre que vestía de negro. Cicatrices de quemaduras en la cara, apenas disimuladas por una barba que pareciera más cincelada que recortada. Era alto sin ser un gigante, de fuerza iba sobrado, a juzgar por como caminaba. Durante unos instantes, Tarles y el hombre misterioso cruzaron sus miradas.

Tarles vio un señor del mar, un guerrero de ayer vestido con ropas de hoy. ¿Que pudo ver aquel hombre al mirar a Tarles? ¿Quien sabe? Lo que si sabía Tarles fue lo que le dijo.

-¿Tienes suficiente con matar peces y conquistar melopeas? A mis navíos les hacen falta guerreros. ¿Eres tu uno.

La semanas que siguieron a aquel encuentro fueron distintas a todo los que había vivido. Había sido asignado a la tripulación del A212, pertenecía a la segunda remesa de sumergibles ligeros desarrollada por Dunstan Drumm, padre de los sumergibles. Como todos sus camaradas, había tomado parte del ensamblado, había aprendido a reparar tanto como a maenajar el submarino. También había recibido instrucción de combate cuerpo a cuerpo de Peter “La anguila” y estrategia por parte de la hermana de Korl.

Nunca había sido más feliz que esos días, hasta que un buen día, Korl llamó a los hijos del hierro al combate, les prometió botin, gloria y sangre. El orden no era importante.Tarles hubiera aceptado por cualquiera de las 3. ¿Pero por las 3? Para el, vivía un sueño, era como ir a cazar ballenas cada día. Se esforzó tanto como pudo por destacar entre los demás, no es que esperase distinguirse y llegar a ser capitán de navío. Pero sabía que algunos de los hombres más cercanos a Korla había sido ascendidos para nutrir de oficialía a los nuevos submarinos. Tenía la esperanza de que si lo hacía bien en los entrenamientos, tendría oportunidad de servir junto al comandante, en su submarino El A 101 o como lo llamaban sus hombres el Corazón de Kraken.