PoV
Daenor Targaryen
En su viaje a Volantis, se reunirá en el Templo Rojo con Lianna de Asshai y Selyse del Círculo del Fénix.
Tokens
Templo Rojo de Volantis - Mejorado
Ambos tokens se usarán para encontrar una solución para dar muerte a Korl Greyjoy y venganza por la traición y lo ocurrido a Rhaegel Fuegoscuro.
Círculo del Fénix
Ambos tokens se usarán para encontrar una solución para dar muerte a Korl Greyjoy y venganza por la traición y lo ocurrido a Rhaegel Fuegoscuro.
Objetivo
Encontrar una propuesta dirigida a la muerte de Korl Greyjoy mediante la magia.
Misión
Momento de la magia. Ambos tokens son los más dirigidos a la magia de sangre. La intención es obtener una respuesta por la que se pueda llegar a descabezar a los Greyjoy de alguna manera. No tiene que ser la eliminación de Korl, pero si que algo produzca la desgracia de los isleños.
Roleo
El Templo Rojo de Volantis ardía incluso antes del amanecer. No por el fuego visible, sino por la expectación. Las antorchas no proyectaban sombras normales aquella mañana: se alargaban, se curvaban, como si el aire mismo escuchara.
Cuando Daenor Targaryen, el Archidragón, cruzó el umbral de obsidiana, los cantos se apagaron uno a uno. No por orden, sino por instinto. Había perdido a Rhaegel Fuegoscuro. Había sido traicionado por los Greyjoy. Y su hija, Daenerys, seguía cautiva entre sal y hierro.
El corazón de Essos latía herido, y Volantis lo sabía.
En el sanctasanctórum, donde el suelo estaba grabado con círculos de fuego antiguo y símbolos que precedían a Valyria, aguardaban dos mujeres que jamás deberían haber compartido techo… y, sin embargo, allí estaban por segunda vez.
Lianna de Asshai, Gran Sacerdotisa del Dios Rojo, envuelta en túnicas oscuras que parecían absorber la luz. Sus ojos eran brasas profundas, viejas, como si ya hubiera visto el final de muchas eras.
Frente a ella, separada solo por una línea de sal negra trazada en el suelo, Selyse, líder del Círculo del Fénix. Su porte era distinto: no sacerdotal, sino sagrado y político a la vez. Llevaba marcas de sangre ritual en las muñecas y un medallón con el dragón tricéfalo reinterpretado como símbolo de renacimiento nacional targaryen.
El silencio pesó hasta que Daenor habló.
- No he venido a pedir victoria.- Dijo, con voz grave.- He venido a pedir desdicha.
Lianna ladeó la cabeza, interesada. Selyse sonrió apenas, como quien ya conocía la respuesta.
- Los Greyjoy.- Continuó Daenor.- Han roto leyes que no están escritas. Han profanado el juramento del mar. Han asesinado a un dragón… y han encadenado a mi hija. No quiero una muerte rápida para Korl Greyjoy. Quiero que el hierro se vuelva contra él. Quiero que sus dioses lo abandonen.
Lianna dio un paso adelante, cruzando la línea de sal sin tocarla.
- R’hllor no castiga por venganza.- Dijo.- Castiga cuando la oscuridad cree haber vencido a la luz. El Ahogado cree dominar la muerte… eso es una herejía que el fuego detesta.
Selyse habló entonces, su voz más baja, más peligrosa.
- Y el Círculo del Fénix no castiga hombres.- Añadió.- Castiga ideas. La idea de que el hierro puede desafiar al dragón. La idea de que el pasado puede ahogar al futuro.
Daenor inclinó la cabeza. No como rey. Como hombre.
- Trabajad juntas.- Pidió.- Juntos hemos conseguido que Dorne se tuerza cual junco en agua cuando dicen no doblegarse.
El favor quedó suspendido en el aire, pesado como una promesa antigua.
Lianna alzó las manos y el fuego de los braseros cambió de color: rojo oscuro, casi negro.
- Podemos maldecir el mar.- Dijo.- No con tormentas visibles, sino con hambre. Que los vientos fallen. Que las corrientes se tuerzan. Que los rituales del Ahogado no respondan. Que los cuerpos no regresen a la superficie.
Selyse añadió, sin mirarla:
- Y podemos marcar la sangre. El Círculo conoce antiguos juramentos valyrios ligados al linaje. Un ritual de sangre y nombre. No matará a Korl Greyjoy… pero todo aquel que le jure lealtad sentirá que algo se quiebra. Traiciones. Accidentes. Dudas. Sueños infestados de fuego.
Lianna asintió lentamente.
- El Dios Rojo mostrará visiones a sus sacerdotes cautivos, si los tienen. Fuego devorando hierro. Dragones emergiendo del mar. El terror se extenderá antes que la flota de Essos.
Selyse dio el golpe final:
- Y cuando llegue el momento… sabrán que no fue una guerra. Fue un juicio.
Daenor respiró hondo. Sabía lo que estaba aceptando.
- Quedaré en deuda con ambas.- Dijo.- Con el fuego… y con el Fénix.
Lianna sonrió como quien ya ve el futuro arder. Selyse inclinó la cabeza, satisfecha.
Las antorchas estallaron en llamas altas, y por un instante, muy breve, las sombras proyectadas en los muros no parecían humanas. Parecían dragones emergiendo del mar.
En las Islas del Hierro, esa misma noche, varios hombres despertaron jadeando, convencidos de haber oído algo imposible:
El crujido del hierro…como si el propio metal estuviera rezando para no arder.