PoV
Archidragón Daenor Targaryen
Aquel que dará las órdenes para la mejora de la investigación consecuente.
Tokens
Banco Rogare
Se le pedirá al Banco Rogare un préstamo para la mejora de la industria tecnológica de Myr.
Alcázar Carmesí
Blackfyre será el encargado, desde el Alcázar Carmesí, de llevar a cabo el control de todo el proceso, junto a la gobernadora de la ciudad.
Objetivo
Una mejora en las lentes, con finalidad armamentística, que suponga un aumento de la fuerza de las divisiones motorizadas y la parte naval.
Misión
Dar recursos a la industria Myriense para que mejore su capacidad y así tener investigaciones que integrar en el apartado armamentístico.
Roleo
Las campanas de la Cúpula de Helion, en el corazón de Myr, repicaban con un tono metálico que no era del todo humano. A esa hora, el sol se reflejaba en los techos de cristal y los canales industriales que surcaban la ciudad, convirtiendo la luz en una sucesión de destellos iridiscentes. Myr olía a vapor, a sal, a cobre fundido. Y, desde hacía semanas, a expectativa.
En la terraza del Palacio de los Ojos, sede del gremio de ingenieros ópticos, aguardaba Rhaegel Blackfyre. Era el enviado directo de la Casa Targaryen en Myr. Su cabello blanco relucía bajo la luz artificial de las torres, y sus ojos —tan claros que parecían dos cuchillas— observaban el puerto donde, en ese instante, atracaba un galeón de Lys.
El Estandarte del Zafiro traía consigo más que oro: traía al Banco Rogare.
Lysane descendió del navío envuelta en un vestido gris perla que destellaba como mercurio. No llevaba escolta visible, aunque los observadores sabían que ningún Rogare viajaba sin ella. A su paso, los autómatas portuarios se detenían, los contables bajaban la voz, y hasta los vigías del Pabellón de las Lentes fingían no mirarla.
Cuando al fin subió la escalinata hasta la terraza, Rhaegel la recibió con un gesto apenas inclinado.- Señora Rogare.- Dijo.- Bienvenida a la ciudad del fuego contenido.
Ella sonrió con esa diplomacia que se mide en grados de temperatura.- Ser Rhaegel. Espero que ese fuego no se desborde antes de tiempo.
Tomaron asiento frente a una mesa de mármol negro. A su alrededor, los ingenieros del Consorcio de Myr esperaban, fingiendo indiferencia mientras ajustaban planos y hololáminas. Los documentos flotaban en el aire, mostrando proyectos de expansión: refinerías nuevas, fábricas de engranajes, torres de ensamblaje automatizado.
Rhaegel habló primero.- Myr tiene las manos, la técnica, la tradición. Lo que falta es músculo.
Lysane replicó.- Y ustedes quieren que el músculo lo ponga Lys.- Un silencio controlado. El viento traía el olor del puerto, mezclado con el del aceite de las turbinas.
Rhaegel se reclinó en la silla.- No Lys, Lysane. Tú. El Banco Rogare. El Consejo de la Casa Targaryen autoriza la inversión, pero sólo si el control queda en tus manos. No podemos permitir que Braavos adquiera ventaja sobre nosotros en los contratos de transporte ni en las refinerías.
Ella jugueteó con un anillo de jade.- ¿Y cuánto control tendrá el Banco sobre Myr una vez terminemos?
Rhaegel no sonrió, pero sus ojos sí.- El suficiente para que parezca que aún son libres.
Las hololáminas se apagaron, una a una. Lysane se levantó y caminó hasta el borde de la terraza. Desde allí se veía la Avenida del Alabastro, donde los aprendices del Colegio de Artífices marchaban en fila hacia las fábricas del este. Las chimeneas exhalaban humo blanco y el cielo, teñido de naranja por el crepúsculo, parecía una forja viva. - El Banco Rogare aportará el capital inicial.- Dijo sin volverse.- Pero quiero una garantía de retorno que no dependa del comercio marítimo. Quiero acceso a los contratos de energía de la Casa de las Siete Lámparas.
Rhaegel se levantó, despacio.- Pides fuego valyrio.
Lysane respondió rápido.- Pido equidad.- Corrigió ella.- Y tú sabes tan bien como yo que el futuro de la guerra y la paz se forjará en los hornos de Myr.
Hubo un largo silencio. Desde el puerto, el sonido de las sirenas industriales acompañaba la caída del sol. Finalmente, Rhaegel asintió.- Hecho. Pero Myr no debe saberlo todavía. Los gremios creerán que la expansión es suya. Déjalos soñar que construyen para sí.
Lysane se giró, y por un instante el reflejo del crepúsculo iluminó sus ojos de un azul casi sobrenatural.- Todos los hombres sueñan con poseer lo que financian.- Dijo—. Hasta que el interés les recuerda a quién pertenece el mundo.
Los escribas del Concejo Myriense de Industria comenzaron a sellar los acuerdos. Las cifras eran absurdas: millones de dragones de oro, derechos exclusivos de fundición, concesiones portuarias, licencias de producción para autómatas de uso militar. Con aquella firma, Myr expandiría su industria tecnológica como pocas.
Cuando Lysane regresó al barco, Rhaegel permaneció mirando el horizonte. Sabía que esa alianza no era un simple préstamo: era una conquista. El Banco Rogare no entregaba oro; lo insertaba como veneno dulce en las venas de un mundo que creía progresar.
Esa noche, las chimeneas de Myr ardieron hasta el amanecer. Y desde el puerto, Lysane observaba las columnas de humo elevándose como plegarias. “Cada inversión es un dragón dormido”, pensó. Y ella, la heredera de los Rogare, acababa de despertar uno.