Misión IV: La Palabra del Dios Rojo

PoV

Archidragón Daenor Targaryen

Esta misión es una que debe estar en el anonimato. Daenor no desea que el acercamiento con la religión del Dios Rojo se conozca.

Tokens

Gran Templo Rojo

Es Lianna de Asshai la que deberá llevar a cabo toda la misión, en el Templo Rojo de Volantis, obviamente.

Objetivo

Dar con aquellos sacerdotes/sacerdotisas con mayor capacidad para dar misiones dirigidas a Poniente u otras ciudades libres de Essos.

Misión

Gracias a que es la Suma Sacerdotisa, Lianna hará un ejercicio para reconocer a los mejores de aquellos que siguen al Dios Rojo para misiones posteriores.

Roleo

La noche se estiraba sobre Volantis como una piel tensa, roja en el horizonte y negra en las calles. Desde las almenas del Templo Rojo, el humo se alzaba en columnas que parecían susurrar plegarias. El aire olía a mirra, a aceite y a fuego viejo. Dentro, las llamas danzaban con una intensidad que sólo aparecía cuando algo sagrado —o terrible— estaba por comenzar.

Lianna de Asshai*cruzó el atrio del templo con paso silencioso, su manto negro arrastrando un murmullo de seda y ceniza. Había regresado hacía apenas una hora, y la ciudad ya se agitaba con rumores: que se había visto con el Archidragón en secreto, que el fuego le había mostrado el porvenir, que traía consigo el mensaje del mismísimo R’hllor. Nadie sabía la verdad. Ni siquiera los que esperaban en la sala interior, convocados por su palabra.

El Santuario de la Llama Interior era un recinto circular, sin ventanas, donde el fuego se alimentaba solo. En su centro, una pira ardía con un color imposible —ni rojo ni naranja, sino un tono profundo, como sangre iluminada desde dentro.- Allí aguardaban cinco figuras, cada una distinta y marcada por el don de su dios.

El primero era Vhassor el Ciego, que había perdido los ojos mirando demasiado tiempo dentro de una llama profética. Sus cuencas estaban selladas por cicatrices, pero veía más allá de los muros, o eso decían.

A su lado, Melyra de las Cenizas, una sacerdotisa joven cuyo cuerpo emanaba un calor constante; a veces el aire a su alrededor vibraba como si el mundo temblara con ella.

El tercero, Korran de Norvos, vestía armadura ennegrecida; en las batallas su sangre hervía, y los enemigos caían abrasados sin tocarlo.

El cuarto, Tessarion, un erudito callado, poseía la capacidad de encender fuego con sólo pronunciar palabras en valyrio antiguo.

Y la última, Nyssara, era la más silenciosa: una niña de no más de quince años, cuyo cabello blanco ardía bajo ciertas luces. Algunos decían que había muerto una vez, y que el fuego la había devuelto.

Lianna los observó sin hablar al principio. Sus ojos reflejaban la pira como si el fuego viviera dentro de ellos.- El Dios Rojo ha despertado.- Dijo finalmente, su voz como un eco profundo que rozaba las paredes—. La sombra del futuro se ha movido, y he sentido su respiración.

Korran inclinó la cabeza, respetuoso.- ¿El Archidragón?- Preguntó.

Lianna alzó la mano, y el silencio se hizo inmediato.- No pronunciéis su nombre. Las llamas no deben escuchar más de lo necesario.

Se acercó al fuego central, extendiendo las manos sobre él. Su sombra se alargó hasta cubrirlos a todos.

  • Hay un nuevo tipo de fuego que no arde, pero consume.- Prosiguió.- Forjado por manos humanas, movido por sangre que no es vida. Si crece, el Dios Rojo perderá su trono en el corazón de los hombres.

Melyra asintió, con el rostro iluminado por la llama.- Entonces debemos apagarlo.

Lianna giró lentamente hacia ella.- No. No aún. Debemos entenderlo. Vigilarlo. R’hllor no destruye sin propósito. Y antes de que las brasas sean ceniza, debemos decidir a quién pertenece la chispa.

La niña, Nyssara, habló por primera vez, su voz apenas un hilo de aire.- He soñado con un hombre que roba el fuego de los dioses. Tiene ojos de tormenta y camina entre sombras de hierro.

El resto la miró con respeto y temor. Lianna asintió, sin sorpresa.- El profeta eléctrico —dijo en un susurro.- Algunos lo llaman Tesla. Otros lo llamarán enemigo.

Se giró hacia todos, y la pira crepitó como si respondiera a su tono.- Esta noche no sois sacerdotes. Sois portadores de la llama. Viajad. Observad. Donde la luz azul se alce, llevad la roja. Y recordad: no todos los fuegos purifican. Algunos reclaman su tributo.

El fuego se alzó, enorme, como un corazón que late. Durante un segundo, todos vieron en las llamas una figura: un dragón hecho de fuego y sombra, con un ojo azul ardiendo en el centro del pecho.

Cuando la visión se desvaneció, Lianna ya no los miraba. Estaba de espaldas al fuego, su rostro perdido en penumbra.- R’hllor tiene hambre.- Murmuró.- Y el mundo pronto le servirá un banquete.

Nadie habló. Afuera, las campanas de Volantis doblaron una, dos, tres veces. Y dentro del templo, el fuego no parpadeó. Parecía escuchar.

Resultado: Tiene éxito; se obtiene un +1 en una misión posterior relacionada. Además el Templo Rojo queda mejorado debido a lo bien recibida que es la noticia de que van a predicar en Poniente. Sin embargo, la elección de los sacerdotes adecuados se encona debido a rivalidades internas.

Roleo:

En las cámaras ardientes del Templo Rojo de Volantis, las llamas danzaban como serpientes al ritmo de los rezos. Los sumos sacerdotes discutían bajo el resplandor carmesí: cada uno veía en el fuego un destino distinto para Poniente. La sacerdotisa Myrthara hablaba de purificar con luz las tierras del Oeste; el anciano Vhaeryn, de someterlas al juicio del fuego eterno; el pragmático Saro Qel, de templar la fe con diplomacia. Las plegarias se mezclaban con intrigas, sobornos y visiones manipuladas. Cuando la noche caía, no había consenso. Solo el fuego reía, sabiendo que su verdadero elegido aún no había hablado.