Misión X: Desembarco, Ciudad Roja

PoV

Valys Belaerys

Aquella que se encargará de dar órdenes a sus recursos.

Tokens

Embajada Desembarco del Rey

Los recursos de Belaerys estarán a disposición de esta misión.

Objetivo

Obtener el control de Andren Vearr, Secretario General del Partido del Pueblo Obrero de Desembarco para poder actuar en la ciudad bajo sus intereses. Obtener el token.

Misión

Valys hará que sus recursos se comuniquen con Andren y puedan entregarles recursos para sus tumultos. No quiero que exista relación con Valys, por lo que una vez tengan ciertos recursos, se echarán atrás. La intención es llevar este personaje con sus propios intereses, pero que de alguna manera ayudarána desestabilizar la CECA.

Roleo

El aire olía a humo, hierro y promesas rotas. Las fábricas de Crabb y Sunglass escupían columnas de vapor al cielo nocturno, y el rumor constante de las cadenas y martillos se confundía con el murmullo de los barrios obreros. Desde una ventana alta de la Embajada, Valys Belaerys observaba las luces del puerto. Allí, entre los muelles ennegrecidos, el Partido del Pueblo Obrero comenzaba a ganar un pulso que nadie en la corte había previsto.

Sabía que aquello era peligroso. Y, al mismo tiempo, necesario. Los movimientos de izquierda, mal vistos por todos los gobiernos de Poniente, eran la herramienta perfecta para debilitar a los sectores más hostiles a la CECA, y por tanto, abrir el camino a una integración económica favorable para los intereses de Essos y, en última instancia, de los Estados Unidos. Pero esa conexión debía permanecer enterrada bajo capas de intermediarios, rumores y falsas banderas.

Valys no trabajaba directamente. No podía. En su lugar, la Estancia de Oponn había activado una red de comerciantes y capataces portuarios leales, que se encargaban de hacer llegar recursos discretos: dinero en efectivo, piezas de imprenta, papel, combustible y armas ligeras de autodefensa. Todo ello etiquetado con sellos falsos de casas del Norte.


En una taberna del puerto, el agente intermedio —un viejo importador llamado Tovin Rael— entregaba a un mensajero obrero un cargamento cuidadosamente sellado.- Piezas de maquinaria, dijeron.- Murmuró el muchacho, receloso.-Y lo son. Maquinaria para imprimir, muchacho. Si vas a mover un país, empieza por mover su palabra.

Dentro del cajón, junto a una linterna, había rollos de papel y tinta negra impoluta. Los panfletos impresos con aquella tinta recorrerían la ciudad en cuestión de días.

“El oro del Valle es nuestra miseria. El acero de los Ríos, nuestras cadenas.”

La consigna se repetía en cada fábrica, en cada muelle, en cada barrio donde el pan costaba más que un día de trabajo.


Mientras tanto, en los sótanos de la Estancia, Valys revisaba los informes de progreso.
Las notas cifradas llegaban por teletipo desde el puerto y se traducían con tinta roja:
“Aumento del 40% en asistencia a mítines. Guardia Cívica desbordada. Fábricas de Crabb paralizadas.”

Cada línea era un éxito silencioso. Y sin embargo, Valys no sonreía.

Sabía que jugaba con fuego. Que alimentar la ira del pueblo podía acabar desbordando el tablero que ella misma ayudaba a diseñar. Pero la estrategia era clara: hacer temblar Desembarco para que el Consejo Real pidiese a la CECA una solución de estabilidad.
Un caos calculado, orquestado desde la sombra.

Recuerda utilizar el +1 en el sentido de usar los contactos de ferrocarriles y puertos para mover toda mercancía/recursos para los obreros/insurgentes.

Andren Vearr se enteró por azar. Un camarada del puerto, borracho y mal pagado, mencionó el nombre de Tovin Rael en una conversación que jamás debió oírse. Esa misma noche, Vearr siguió el rastro de los cargamentos “obreros” hasta un almacén junto a los muelles. Al abrir uno de los cajones, encontró etiquetas escritas en un idioma que no era ponienti: sellos valyrios, cuentas bancarias de Lys y notas de pago de Nueva Valyria.

Se quedó en silencio. La traición no provenía de los capitalistas —esa la esperaba—, sino de quienes decían ser sus aliados. Regresó a la taberna donde los suyos lo aguardaban, la mirada endurecida por la cólera.

—Nos toman por herramientas —dijo, alzando el puño—. Quieren que luchemos su guerra, no la nuestra.

El rumor se propagó como pólvora entre los sindicatos. A la mañana siguiente, las imprentas clandestinas dejaron de funcionar; los cargamentos de Tovin fueron confiscados. Vearr dio la orden: “Ni un cobre más de Essos. La revolución será ponienti o no será”.

Mientras Valys Belaerys leía con frialdad el informe de aquella ruptura, comprendió que el fuego que había encendido no se apagaría. Se había vuelto imprevisible. Y el caos, una vez liberado, ya no respondía a nadie.


No consigues el token.