Misión XXII: Hilos de Sol

PoV

Valys Belaerys

Al ser la embajadora en Poniente, es la encargada de ser la cabecilla de la misión de integración en Dorne y quien de las órdenes y haga el seguimiento con sus recursos.

Tokens

Gran Templo Rojo, Mejorado

De aquí proviene el enviado a Dorne para llevar a cabo la misión principal.

Círculo del Fénix

El Círculo mandará sus recursos con la Sacerdotisa Roja para conseguir el objetivo.

Sacerdote Rojo x 2

La persona encargada de obtener la información y actuar en Dorne.

Objetivo

El Objetivoes hacer de Dorne un estado títere de los Estados Unidos de Essos

Misión

Misión diplomática:

  • Convencer a Jordayne de tener un casamiento entre la Sultana y el hijo del Archidragón.
  • Ayudar a que Jordayne sea la figura de la transición, con grandes poderes en el gobierno.
  • Intención de cambiar el gobierno al estilo Essos, es decir, un congreso con votación del pueblo, con la Sultana con una posición como la del Archidragón.
  • Junto a la República del Dominio y los Estados Unidos, hacer una zona de libre comercio entre Antigua/Rejo - Dorne - Estados Unidos de Essos. (Tengo el ok de Manu)
  • Dar posibilidad de usar la industria de Tyrosh para la mejora del ejército dorniense.
  • Junto a la flota de Essos, tomar control del Mar de Dorne y toda la costa de la Tormenta, que se anexionará a Dorne

Localización

Lanza del Sol

Roleo

En Lanza del Sol, antes incluso de que la delegación de los Estados Unidos de Essos cruzara las grandes puertas del palacio, ya se comentaba en los patios y galerías que algo estaba a punto de cambiar. No era un rumor concreto, ni un rostro definido, sino una vibración en el aire, una inquietud que ni las fuentes de agua perfumada ni las palmeras inclinadas por el calor lograban disipar.

Zahira caminaba por los pasillos interiores como si siempre hubiera pertenecido a ellos.

Vestía con la sencillez del pueblo llano —telas ligeras, colores de arena y especias—, pero su presencia tenía un peso que ni los nobles más antiguos podían ignorar. Sus pies desnudos apenas hacían ruido sobre la piedra templada, y sin embargo, allí donde pasaba, las conversaciones se apagaban poco a poco, como si una llama invisible absorbiera el oxígeno.

La Sultana la esperaba en sus aposentos, rodeada por cortinas translúcidas que filtraban la luz anaranjada del atardecer. A su lado, el príncipe Qoran Jordayne observaba en silencio, con esa atención de hombre acostumbrado a leer más allá de las palabras. Nyra Uller, recostada contra una columna, estudiaba a Zahira con una mezcla de intriga y desconfianza contenida.- Dices que el fuego te habla —dijo la Sultana sin preámbulos.

Zahira respondió.-Digo que lo escucho cuando otros no quieren oírlo. Y que ahora grita más fuerte en Dorne que en ningún otro lugar.

Qoran entrecerró ligeramente los ojos.- ¿Grita por guerra o por cambio?

No tardó en responder.- Grita porque está atrapado. Entre lo que fue y lo que se le niega ser.

El silencio que siguió fue profundo, cargado de significados.- Vienes del pueblo.- Añadió Nyra Uller.- Y aun así nos hablas como si nos conocieras desde siempre.

Se pensó unos segundos la respuesta.- Os conozco porque conozco el miedo y la esperanza de quienes siembran vuestros campos, de quienes cargan vuestros muros, de quienes rezan por protección cada noche.- Replicó Zahira.- Ellos no pronuncian vuestros nombres, pero sueñan con vosotros. Eso os convierte en parte de mi mundo, tanto como yo del vuestro.

La Sultana la miró por un largo instante. Hubo algo en su mirada que, por primera vez en mucho tiempo, no fue mero protocolo.- ¿Y qué es lo que ves para nosotros?- Preguntó finalmente.

Zahira dio un paso más cerca, como si el resto de la sala hubiese desaparecido.

  • Veo un trono sin voz… y veo una voz que aún puede devolverle significado.- Dijo, mirándola directamente.- Veo a un hombre.- y ahora sus ojos se posaron sobre Jordayne.- que el pueblo ya está dispuesto a seguir, aunque él mismo aún no se lo ha permitido. Y veo que vienen de más allá del mar con ofertas dulces… y peligrosas. Pero también con la posibilidad de que Dorne deje de ser un tablero… para convertirse en jugador.

Ninguno preguntó a quién se refería. Todos lo sabían.

Fue entonces cuando los anuncios sonaron en el exterior del palacio: cuernos ceremoniales, pero sin tono de amenaza. La delegación de los Estados Unidos de Essos había llegado.

Más tarde, en el Gran Salón, cuando los enviados de los Targaryen de Nueva Valyria tomaron la palabra y expusieron sus propuestas —la unión entre la Sultana y el hijo del Archidragón, la transformación política, el congreso popular, la figura fortalecida de Jordayne, la zona de libre comercio con Antigua y el Rejo, la asistencia industrial de Tyrosh, la protección naval en el Mar de Dorne y la estabilización de la costa de la Tormenta—, muchos pensaron que todo aquello era nuevo.

Pero para Zahira no lo era.

Ella estaba de pie, unos pasos por detrás del trono, convertida ya en sombra, en consejera, en presagio. Cada palabra del emisario parecía alinearse, no con su voluntad, sino con algo más antiguo, más profundo… como si un fuego invisible hubiese estado limpiando ese camino desde mucho antes de que los barcos partiesen de Essos.

Cuando el emisario terminó de hablar, y el silencio se extendió como un manto sobre todos los presentes, fue Zahira quien rompió la quietud con una voz serena, sin título, sin rango oficial, pero imposible de ignorar:- Las arenas cambian con el viento, sí… pero también con la voluntad de quien decide dónde plantar su estandarte. Si Dorne ha de arder, que sea para forjar algo nuevo. Si ha de unirse a otros reinos, que sea sin perder su nombre. Y si ha de elegir un camino, hagámoslo con los ojos abiertos… y con fuego en el corazón.

Las miradas se dirigieron instintivamente a la Sultana, luego a Qoran Jordayne.

El príncipe apoyó la mano sobre el mapa extendido ante él, recorriendo con sus dedos lentos la línea de la costa, el mar, las rutas que ahora se abrían ante Dorne como venas de oportunidad.

Y por primera vez, en muchos años, en Lanza del Sol no se habló de decadencia, ni de pérdida, ni de sometimiento.

Se habló de futuro.

Y Zahira, hija del pueblo y del misterio, supo que había dado el primer paso para convertir un destino incierto… en una profecía en movimiento.

El gobierno de los Estados Unidos de Essos no necesitaba levantar murallas ni imponer decretos para transformar Dorne. Solo necesitaba deslizar una idea, repetirla en los oídos correctos y permitir que el desierto hiciera el resto. Y tras la llegada de la delegación al palacio, el trabajo verdaderamente delicado comenzó.

Esa misma noche, mientras la corte debatía en los salones iluminados por lámparas de esencias, los agentes de Essos se reunieron en aposentos discretos con nobles menores, mercaderes y eruditos de la corte. Sus palabras eran miel cuidadosamente dosificada: estabilidad, modernización, prosperidad compartida. Pero bajo cada promesa palpitaba un objetivo oculto.

Qoran Jordayne fue el centro de toda maniobra. Los enviados de Essos lo colmaban de elogios con precisión quirúrgica:
—Dorne necesita un arquitecto del cambio —le decían—, alguien que guíe la transición con mano firme.

Le hablaban del congreso popular, de la nueva estructura de poder donde la Sultana sería una figura al estilo del Archidragón, símbolo sagrado pero sin peso político real. Le hablaban de un futuro donde él, Jordayne, se sentaría en la cúspide del nuevo gobierno.

A la Sultana, en cambio, le ofrecieron algo distinto: permanencia.
—Un matrimonio con el hijo del Archidragón asegurará que ningún reino vuelva a desafiar vuestra autoridad —le susurraron—. Y Dorne tendrá por fin un asiento en la política global.

A los mercaderes de Lanza del Sol, los emisarios de Essos les mostraron planos de puertos ampliados, cadenas de suministros con Antigua y el Rejo, rutas libres de aranceles.
—Un corredor de riqueza desde las ciudades libres hasta el Dominio.

A los capitanes, les hablaron de barcos de acero y motores tyroshianos capaces de convertir el Mar de Dorne en un mar bajo su vigilancia.
—Junto a la flota imperial —dijeron—, vuestra costa será inexpugnable.

Cada sector recibía una promesa distinta, pero todas nacían del mismo diseño: convertir a Dorne en un estado dependiente, integrado y, finalmente, controlado.

Zahira observaba desde el umbral de cada reunión, siempre silenciosa, siempre presente. Era consciente de que cada palabra que se pronunciaba era una piedra más en un edificio que aún podía derrumbarse o erguirse como un coloso.

Qoran Jordayne, por su parte, empezaba a sentirse atrapado entre dos fuegos: la oportunidad de convertirse en el hombre que transformaría Dorne… y el miedo de entregar su patria a manos extranjeras.

Pero los agentes de Essos sabían que la duda era un lujo pasajero.

Ya habían encendido la chispa.

Y en un reino de arena y viento, las chispas no tardan en convertirse en incendios.


Consigues mejorar las relaciones con Dorne a alto nivel, verán con buenos ojos tus propuestas y tal pero, de momento, no puedes hacer lo que quieras en Dorne, ¿ok? Es algo que va más allá de una sola misión. Básicamente tienes la simpatía de Dorne y un reloj que puedes consultar te indica cuánto avanzas en el control efectivo de la nación.

Eso sí, eres consciente que debido a la idiosincracia de Dorne y al pasado muy reciente, puede que haya fractura en el país y no sea muy estable. Otro reloj.