Misión XXXI: Volantis a la mar

PoV

Daeron Targaryen

Descripción del PoV

Tokens

Puerto Carmesí

Los mayores constructores de barcos apoyarán a la creación de la armada en Volantis.

Autoridad Targaryen

El mismo Archidragón es el que se encargará de comandar esta misión, en persona.

Objetivo

Reconstrucción de la flota de los Estados Unidos de Essos. Te digo una cantidad, pero intuyo que según lo que salga en los dados saldrá algo u otra cosa:

  • 4 Acorazados
  • 50 Cruceros
  • 120 Destructores
  • 50 Leviatán

Misión

La misión es clara: Volantis va a vivir para la creación de esta flota, y para ello se darán todos los recursos disponibles. Recordar que tenemos una mejora para todas estas nuevas naves.

Roleo

La noticia de la traición Greyjoy llegó a Nueva Valyria envuelta en sal y ceniza. Restos de informes incompletos, nombres de naves hundidas, hombres regresando a Antigua con la mirada vacía. Daenor Targaryen no necesitó escuchar el final para comprender el mensaje entero: el mar ya no era un espacio de tránsito, sino un frente de guerra, y quien no lo dominara sería devorado por él.

Aquella misma noche, el Archidragón permaneció solo en la sala alta del palacio, frente a los mapas extendidos sobre la mesa de basalto. Las rutas marítimas estaban marcadas con hilos rojos y negros; Volantis brillaba como un nodo inevitable, una cicatriz antigua de poder naval y acero. Durante años había delegado, confiado en almirantes, en concejos, en flotas heredadas. Eso había terminado.

—No más intermediarios —dijo al vacío—. El mar se gobierna con presencia.

Al amanecer, la orden ya había partido. Daenor Targaryen viajaría en persona a Volantis.

Su llegada no fue ceremonial. No hubo grandes desfiles ni discursos públicos. Atracó en el Puerto Negro, entre mercantes, grúas de vapor y astilleros que nunca dormían. El aire olía a brea caliente, hierro recién cortado y sal vieja. Allí, donde las viejas familias valyrias habían aprendido a construir imperios flotantes, Daenor caminó entre los diques secos como un general inspecciona un campo de batalla.

Vio lo que otros no habían querido ver: astilleros infrautilizados, ingenieros brillantes atrapados en contratos menores, fundiciones capaces de mucho más de lo que producían. Volantis no carecía de capacidad; carecía de una voluntad que la unificara.

Y esa voluntad llegó con él.

Convocó a los maestros de forja naval, a los arquitectos de casco profundo, a los ingenieros de presión y vapor. No habló de venganza, ni siquiera de guerra abierta. Habló de inevitabilidad.

—Construiremos una flota que no pueda ser traicionada —les dijo—. Porque no dependerá de pactos, sino de superioridad.

Los planes comenzaron a tomar forma con rapidez brutal. Acorazados de quilla reforzada y blindaje multicapa, pensados para resistir fuego continuo y dominar líneas de combate.*Destructores veloces, diseñados para escolta, intercepción y caza, capaces de adelantarse al enemigo y negarle el movimiento. Y, bajo todos ellos, el proyecto que pocos se atrevieron a nombrar en voz alta: los Leviatanes.

Naves que no buscarían el horizonte, sino las profundidades.

Submarinos de casco sellado, impulsados por sistemas híbridos de vapor y presión, pensados para permanecer invisibles, para acechar, para golpear desde donde ningún enemigo miraba. Daenor recorrió los primeros bocetos con atención silenciosa, deteniéndose en cada cálculo, en cada margen de error.

—El control del mar no está en la superficie —dijo finalmente—. Está en decidir cuándo el enemigo deja de sentirse seguro incluso en calma.

Volantis respondió. Las campanas de los astilleros comenzaron a sonar día y noche. Las fundiciones ardieron sin descanso. Llegaron materiales de Tyrosh, planos refinados por mentes de Myr, financiación canalizada a través de rutas que solo el poder de Essos podía garantizar. La ciudad volvió a latir como en los días antiguos, no como reliquia, sino como forja de futuro.

Y en medio de todo, Daenor Targaryen permanecía allí, supervisando, decidiendo, corrigiendo. No como un señor distante, sino como un artífice obsesionado con cada remache.

Porque la traición había dejado una lección clara. Si el mundo iba a arder, sería mejor hacerlo desde una flota imposible de hundir.

Para reclutar ejércitos de ese tipo necesitas recursos. Dime de dónde salen.

Dejamos en stand by. Hay una misión en ello. Pero ya la tengo hecha esta. Esperamos al resultado de la otra!