Entre la bruma del amanecer, en la plaza de Canto Nocturno, las banderas marqueñas ondeaban con sobrio movimiento. Una multitud contenida, compuesta por milicianos, artesanos y viejos veteranos, se agolpaba en silencio bajo la mirada de las montañas. Frente a ellos, sobre el estrado improvisado, apareció la figura recia del Mariscal General Ellyn Trant; la capa le batía a media pierna y su voz, cuando habló, cortó el aire como un mandoble.
—Marqueños —comenzó, y la plaza entera respondió con un murmullo contenido—. El fascismo ha mostrado su máscara: Frank Tarly y sus mercenarios no son salvadores, son saqueadores que devoran la libertad ajena bajo la excusa del orden. Su invasión del Dominio no es un acto de Estado, sino una orgía de violencia organizada que amenaza con tragarse a todo Poniente si no se lo frena.
Se detuvo un instante, clavó la mirada en los presentes y continuó con tono más duro.
—Ante esta agresión, la República de las Marcas no permanecerá indiferente. No nos limitamos a reforzar defensas: hemos tomado las armas, reunido a nuestras mejores unidades y puesto rumbo a Colina Cuerno. Partimos ahora mismo con la intención clara de desmantelar la maquinaria de Tarly, arrebatarle sus centros de poder y arrancar de raíz a quienes pretendan imponer el terror. Nuestras columnas ya marchan; las bandas irregulares han abierto pasos secretos; las fortificaciones se completan sin demora. No pedimos permiso: venimos a poner fin a esta amenaza y a demostrar que quien pisa suelo marqueño paga con todo lo que tiene.
La multitud estallóen gritos contenidos; el Mariscal alzó la mano.
—No actuamos solos —añadió—. La República de las Marcas se incorpora, en calidad de aliado militar operativo, a la Comunidad Económica del Carbón y el Acero. La CECA ya no es una idea lejana: es un baluarte de naciones decididas a defender la soberanía frente a la barbarie. Junto al Valle Unido, y en coordinación con quienes defienden la ley y la libertad, tomaremos las medidas necesarias para proteger a los inocentes y restablecer la paz.
Sus palabras se volvieron casi confidenciales, cargadas de advertencia.
—Hemos denunciado ante las cortes de Poniente la naturaleza fascista del régimen de Colina Cuerno. Pedimos a las naciones que valoran la autodeterminación y el derecho de los pueblos que no miren hacia otro lado. Si Occidente y la Tormenta creen que pueden normalizar la agresión, se equivocan. La Liga del Acero no será la única voz en el sur; la CECA y quienes la respaldan defenderán la convivencia y el derecho de los pueblos a decidir su destino.
Por último trazó una promesa y una exigencia.
—A nuestros hombres y mujeres: manteneos firmes. A nuestros aliados: estad alertas y solidarios. A los pueblos de Poniente: sed testigos de que una república pequeña puede ser una muralla cuando la justicia la sostiene. No buscamos la guerra, buscamos la libertad. Y si la guerra viene por nosotros, la rechazaremos con la misma dignidad con la que nacimos.
Silencio. Luego, un aplauso prolongado, rugido de cuerdas, y la multitud se disolvió en orden, llevando consigo la certeza de que las Marcas habían elegido posición y aliado.
Mariscal Ellyn Trant
Mariscal General de la República de las Marcas