PoV
Daeron Targaryen
Tokens
Alcázar Burdeos
Rhaegel Fuegoscuro
Ejércitos
- Armada de Poniente 2 acorazado 20 cruceros 88 destructors , en Antigua , grupo azul
Composición: battleship: 2, crusier: 20, destroyer: 88,
Total:
: 29.45 𖦏: 29.14
︎: 145700
: 30200
: Normal #: 0.6
Objetivo
Hacer que todos los barcos posibles queden inservibles. Que todos los hombres que puedan, sobre todo Fuegoscuro, puedan huir por tierra hacia Antigua.
Misión
La táctica se dirige a inutilizar todos los barcos posibles. Es decir, si es necesario, hacer que estallen. La idea es que nadie pueda utilizarlos en un futuro. Por otra parte, lo que se pueda que se vaya a tierra y pire para Antigua. Lo principal, los acorazados y cruceros. Que hagan “Kaboom” si es necesario.
Roleo
El mar frente a las Islas Escudo* ardía todavía cuando Rhaegel Fuegoscuro comprendió la magnitud de la traición. Las naves Greyjoy, que minutos antes habían mantenido formación aliada, habían virado de improviso, cerrando el cerco con una precisión imposible de improvisar. No fue una carga caótica, sino quirúrgica: fuego concentrado sobre los timones, abordajes selectivos, cadenas lanzadas a las hélices de vapor. Una ejecución preparada de antemano.
Rhaegel observó el desastre desde la cubierta, con el rostro inmóvil y los puños cerrados tras la espalda. No gritó. No maldijo. Ya no había tiempo para la ira.
—Si las toman, las usarán en nuestra cotnra —dijo al fin, con voz baja—. No les dejaremos ese botín.
La orden corrió como una sombra por la flota: sabotaje inmediato.
En las bodegas, los ingenieros abrieron válvulas maestras y fracturaron núcleos de presión. Los artilleros inutilizaron cierres de cañones, arrojaron mecanismos al mar, prendieron fuegos controlados que devoraron planos y reservas. Algunas naves explotaron en silencio, otras comenzaron a escorar lentamente, como bestias heridas que se negaban a morir de inmediato.
Mientras tanto, en cubierta, la disciplina se deshacía en supervivencia. Grupos de marineros y soldados descendían a botes auxiliares, otros se lanzaban al agua con tablones y restos de jarcia. El objetivo era uno solo: tierra.
Rhaegel fue el último en abandonar su nave. Antes de hacerlo, recorrió la cubierta ennegrecida, apoyó una mano en el mascarón astillado y murmuró algo que el viento se llevó. Luego activó el detonador de quilla.
Desde la costa, empapados y exhaustos, los supervivientes observaron cómo su flota —la suya— desaparecía bajo las olas. No era una derrota limpia, pero tampoco una victoria para los traidores.
Rhaegel Fuegoscuro, cubierto de sal y humo, miró hacia el sur, donde sabía que se alzaban las torres de Antigua.
—Volveremos —dijo simplemente—. Y esta deuda se pagará con intereses.
El mar no respondió. Pero tampoco olvidó.