Invitar a una reunión a los grandes capitanes para exponerles un plan. Viajar a Antigua, lanzar un ataque relámpago en aguas del Rejo y Antigua y volver al hierro. Objetivo en realidad, ver quienes vienen.
EJÉRCITO
MISION
Aprovechando la retirada con el rabo entre las piernas del león, Korl planea lanzar un ataque en aguas de Antigua y el rejo. El dominio está en guerra y las probabilidades de que estén destinando recursos a la flota son excasas.
El plan es hundir y capturar tantos barcos del dominio como seamos capaces. Cada gran capitán es perfectamente libre de acompañarlo o de quedarse en tierra. Pero está es una oportunidad de trabajar juntos en un objetivo sencillo y lucrativo, con este objetivo cumplido, habremos avanzado en el objetivo real, hacer a la flota del hierro grande otra vez. En números y habilidad.
Korl daría su discurso y debatirá con los capitanes. Mi tierra es el mar servirá para trazar un plan plausible que sin hablar de submarinos, permita a los capitanes convencerse de que atacar el dominio sin que estén preparados para tal ataque es algo fácil de hacer. Para ellos trazará una ruta marina lo más corta posible y con pocas probabilidades de que nos detecten.
Los capitanes se reunieron en la cubierta del Gran Kraken, envueltos en brumas saladas y en un silencio denso como aceite. Korl caminó entre ellos sin prisa, observando sus rostros endurecidos por años de saqueo, pérdida y mares crueles. Había convencido a cada uno con palabras, promesas y desafío, pero sobre todo con algo que los isleños respectaban más que al propio mar: determinación.
—El Dominio cree que somos perros sin dientes —dijo Korl, alzando la voz sobre el repicar de las jarcias—. Es hora de demostrarles que incluso sin morder, podemos arrancarles la garganta.
Un murmullo aprobatorio recorrió el grupo. Los capitanes no eran hombres fáciles de seguir, y aún menos fáciles de liderar. Pero lo miraban ahora como se mira a un comandante elegido por las tormentas.
Sabían que arriesgaban sus barcos, sus tripulaciones y quizás algo más. Un viaje directo al corazón del Dominio era poco menos que una locura, pero la audacia era una lengua que todos entendían.
Korl inspiró hondo. Sabía que había ganado su lealtad, sí… pero también sabía la verdad que ninguno decía en voz alta: si fracasaba, no regresaría a las Islas de Hierro. No habría hogar, ni perdón, ni tumba.
Solo el fondo del mar, reclamando su carne como pago por su ambición.
Cuentas con el apoyo de los capitanes pero, ojo, esto te puede encumbrar definitivamente como el Señor de las Islas de Hierro o hundirte para siempre.
Korl se dirigio a los capitanes, a los que quisieran ecucharle.
-Los Occidentales estan locos, movilizaron una gran flota, vinieron, perdieron unos cuantos barcos antes nuestras costas, no os negaré que tube bastante que ver con esos hundimientos, asustaron a los peces con unos cuantos cañonazos y se fueron.
Es incomprensible. Aunque bien es cierto que para doblegar a la inmensa armada que trajeron, hubieramos debido derramar mucha sangre propia y agena. Nunca he sido partidario de perder hombres si podia evitarlo. Ahora mismo, con la fuerza de que disponemos, no veo ganancia suficiente en pelear contra los Occidentales.
He decidido irme al sur. Tengo un plan y un objetivo. El dominio esta en guerra civil, en tierra. No es posible que destinen recursos a defender la costa. Quiero ver el rejo en esta epoca del año. Me gustaría que me acompañasen muchos de mis compratriotas. Me gustaria que todos nos hicieramos ricos y que todos cosecharamos gloria como nunca antes se hizo.
Tambien quiero comida en los platos de nuestros ancianos y niños, quiero que nuestro pueblo vuelva a ser fuerte, que salgamos de la oscuridad de la sombre de los dias de gloria del pasado para traer nuevos dias de gloria a nuestra gente.
¿Alguien aqui quiere unirse a mi expedicion para traer lo que yo voy a buscar?